La Concertación y el caos

Patricio Navia

La Tercera, junio 21, 2007

 

A menos de 24 horas de obtener una victoria clave en el Senado, el gobierno ha debido retrasar una votación en la Cámara para evitar un revés. El debate sobre el aumento del sueldo mínimo ha entrado en la misma lógica de la inhábil negociación política de La Moneda que hizo tambalear el proyecto para financiar el Transantiago. En lo que resta del gobierno de Bachelet, tendremos que acostumbrarnos a que cada nueva ley sea un parto y cada votación en el Congreso refleje la dolorosa realidad de una coalición mayoritaria incapaz de garantizar la gobernabilidad.

 

En 1988, Pinochet insinuaba que las opciones del plebiscito eran “yo o el caos”. Pero la  Concertación se impuso y lideró exitosamente la transición. Es más, la capacidad de demostrar más cohesión y unidad de propósito siempre ha ayudado a la Concertación a derrotar a la Alianza. En 2005, la Concertación también  utilizó el falaz argumento que nadie más podía dar gobernabilidad al país. Al descalificar a la Alianza con un “nosotros o el caos”, la Concertación copió a Pinochet. Pero si la Concertación fuera la única coalición moral y técnicamente capacitada para gobernar, los chilenos no tendríamos opciones y Chile no tendría democracia.

 

Hoy, cuando La Moneda sufre intensamente para avanzar su agenda legislativa, la promesa de gobernabilidad queda en entredicho. Pese a tener los votos, la Concertación no es capaz de demostrar disciplina. Pese a obtener un apoyo mayoritario del electorado, no se comporta como una coalición ordenada detrás de un mismo propósito. En un sistema presidencialista, La Moneda debe asumir su incapacidad para liderar.

 

Si bien ya nos acostumbraremos a que cada proyecto de ley sea una montaña rusa de volteretas, amenazas, negociaciones y ofertones, la Concertación no podrá usar el argumento de la gobernabilidad en las próximas elecciones. La Concertación es un barco a la deriva. Los motines se producen cotidianamente en el Congreso. Queriendo honrar tardíamente la advertencia del dictador, en la Concertación empieza a imperar el caos.