¿Privatizar ferrocarriles?

Patricio Navia

La Tercera, junio 17, 2007

 

Porque en plena campaña presidencial, la Concertación prometió un tren al sur que nunca llegó, y porque hasta hoy nadie ha asumido la responsabilidad política del escándalo, la investigación sobre las irregularidades en EFE debiera centrarse tanto en las posibles ilegalidades como en la responsabilidad política de aquellos que prometieron un tren al sur.    

 

Después de tantos años en el poder, la principal amenaza a su hegemónico control electoral es la percepción de que la Concertación está más preocupada de quedarse con la torta del sector público que de gobernar eficazmente. Cuando los primeros escándalos de corrupción se produjeron en el MOP, la respuesta concertacionista fue combinar un “caiga quien caiga” con un pragmático “pero las carreteras se hicieron y están ahí.” Luego, los escándalos de Chiledeportes gatillaron un nuevo “caiga quien caiga,” pero la infraestructura y los éxitos deportivos no aparecieron. Ahora, con el escándalo EFE, el gobierno ni siquiera se molesta en prometer una investigación “caiga quien caiga.”  

 

Además de alegar contar con buenos cuadros técnicos, la Concertación siempre ofrecía gobernabilidad y diversidad al reflejar el arcoíris de su coalición en las reparticiones públicas. Hoy, ambas habilidades están en entredicho. El Transantiago y el inexistente tren al sur subrayan incapacidades técnicas. El escándalo EFE también alimenta fundadas dudas sobre probidad. Desde el retorno de la democracia, los presidentes del directorio han sido activos militantes del PDC. Si los únicos criterios fueran la excelencia profesional y la diversidad concertacionista, deberíamos haber visto militantes de otros partidos a cargo de EFE en estos 16 años.

 

Bachelet ha guardado conspicuo silencio sobre el escándalo EFE. Pero ya que su campaña utilizó ampliamente la promesa del tren al sur para sumar votos en esas regiones, corresponde explicar por qué el tren nunca llegó. Bachelet debe comprometerse a apoyar una investigación exhaustiva sobre las millonarias irregularidades en esta simbólica empresa pública. El PDC también debiera abandonar la defensa corporativa del ex presidente del directorio del EFE Luis Ajenjo, uno de los hombres de confianza de la senadora Alvear y de su esposo Gutemberg Martínez. El país se merece escuchar de la boca de todos los presidenciables DC un claro compromiso a apoyar una investigación “caiga quien caiga.”

 

La incapacidad de la Alianza para consolidarse como alternativa de gobierno le hace tanto daño al país como la mano blanda de la Concertación frente a la corrupción. Además de seguir demasiado cercana al legado de la dictadura, la Alianza no logra superar sus conflictos internos. Hasta hoy, tanto RN como la UDI prefieren perder el poder que ceder el mejor derecho de tener candidato presidencial.  Con este tipo de oposición, la Concertación seguirá ganando elecciones, con o sin corrupción. Más que insistir en el desalojo, la Alianza debe construir una plataforma creíble de reemplazo. Por ejemplo, debería proponer la privatización inmediata. Por los errores de administración, el EFE ahora vale muy poco. Pero es improbable que su valor aumente mientras siga siendo una zona de dominio exclusivo del PDC. 

 

Porque subraya tanto los problemas de probidad como la desconocida ineficiencia en la capacidad técnica concertacionista y porque su capacidad política ha sido repetidamente puesta en entredicho por sus propios errores no forzados, La Moneda debería ponerle más atención a este escándalo que afecta directamente las promesas realizadas tanto por Bachelet como por Lagos en la campaña presidencial de 2005.