Los costos de la impericia

Patricio Navia

La Tercera, junio 10, 2007

 

Por más gruesa que tenga la billetera el gobierno, no hay suficientes reservas en dólares para tapar todos los hoyos cavados por la impericia política de La Moneda. Si bien financiar el Transantiago era la única forma de ganar tiempo y espacio para reordenar las prioridades, los verdaderos desafíos del gobierno comienzan recién ahora. A menos que Bachelet muestre claridad en su hoja de ruta y capacidad de convocatoria y ordenamiento en sus prioridades, la debilidad del gobierno alcanzará a un estado irreversible. Esta vez, los cuestionamientos recaerán mucho más en el equipo político que en el conductor económico.

 

Después de tambalear por las fallas del Transantiago y por la relajación de la política de superávit estructural, la economía ha afirmado a Andrés Velasco en su puesto. El mejor indicador de la aprobación de Hacienda es el Imacec. Cuando un crecimiento saludable va a acompañado de buenas cifras en el empleo (y mejores índices de pobreza), resulta difícil alegar contra la política económica. Además, paree improbable que La Moneda se anime a cambiar al jefe del equipo económico justo cuando el país avanza en más crecimiento, menos pobreza y menos desigualdad.  Porque a Bachelet le cuesta tomar decisiones, una vacancia en Hacienda produciría una confusión y desorden tal que harían temblar al propio gobierno.

 

El triunvirato político de La Moneda no puede sentirse igualmente seguro. Si bien ha dado señales de fuerza, el titular de Interior nunca se animó a actuar como jefe de gabinete. Belisario Velasco no ha sido un actor relevante para negociar con los partidos de la Concertación. Por su parte, Lagos Weber parece menos dispuesto a matar al padre que la propia mandataria. Como el principal problema del gobierno en los últimos 4 meses ha sido una iniciativa estrella del ex presidente Lagos, la indefinición de su hijo lo ha convertido en un vocero confuso y confundido.

 

Pero el principal problema radica en Secretaría de la Presidencia. Viera-Gallo es el responsable de las relaciones con el Congreso. Como nadie más se anima a llevarlas, él debe también manejar la relación con los partidos oficialistas.  Pero Viera-Gallo ha sido un decepcionante negociador y un inhábil articulador. Después de despejar el nombramiento del Contralor (cuestión que paralizó por 10 meses a su predecesora), el ministro político se quedó sin energía. Algunas sorpresivas derrotas legislativas y otras dificultosas negociaciones para sumar los votos necesarios no pueden sino ser atribuidas a Viera-Gallo. Las complejas y traumáticas negociaciones por fondos adicionales para el Transantiago han desnudado su poca capacidad para construir consensos. Además de equivocarse al asociar el apoyo a la iniciativa con el patriotismo, Viera-Gallo anunció varias veces un feliz parto antes de tiempo.

 

Ahora, para protegerse ante posibles nuevas derrotas, Viera-Gallo ha dado señales de que la responsabilidad de pasar leyes es compartida entre Hacienda y Seg-Pres. Pero en la estructura de poder chilena, Seg-Pres es responsable de la agenda legislativa y Hacienda de la política económica. Al negociar concesiones para lograr el apoyo al Transantiago, Viera-Gallo se inmiscuyó en atribuciones de Hacienda y cuando las cosas fallaron, trató de deslindarse de su responsabilidad. Al igual que con el impasse del viaje socialista a Argentina (donde él inicialmente era parte de la comitiva), Viera-Gallo ahora quiere esperar ver hacia dónde se carga la balanza antes de anunciar su postura. En un gabinete donde la indecisión y la falta de manejo político han sido la norma, el principal conductor político resultó ser el más temeroso de todos.

 

Apenas se despeje el tema del financiamiento del Transantiago, el gobierno tendrá que negociar importantes iniciativas de su agenda con el Congreso. A menos que los sólidos datos económicos recientes sean acompañados de un igualmente encomiable manejo político, los rumores sobre un cambio de gabinete se empezarán a escuchar nuevamente en La Moneda.