La familia Concertacionista y la política de innovación

Patricio Navia

La Tercera, mayo 29, 2007

 

En su entrevista del domingo 27 de mayo, el científico Claudio Bunster admite la existencia de una profunda y desigualdad discrecionalidad en el apoyo de La Moneda a la ciencia e innovación. A menos que el país tome medidas para emparejar la cancha con más competencia y transparencia, él éxito de la innovación y los avances científicos en Chile seguirán dependiendo de la amistad que los innovadores sepan cultivar con las autoridades de turno.

 

Bunster reconoció en su entrevista haber recibido millonarios aportes asignados discrecionalmente por el gobierno desde fondos a los que otros científicos y centros de investigación no tenían acceso. Al explicar por qué obtuvo más recursos que otros investigadores de similares credenciales, sugirió que “la diferencia es que nosotros tenemos esa pasión por explorar cosas muy nuevas, muy atípicas.” Bunster ni siquiera se detiene a reflexionar sobre lo conveniente que hubiera resultado que su alegada superior pasión pudiera ser complementada también con evaluaciones externas sobre el mérito de sus investigaciones.

 

Es cierto que en investigaciones científicas de punta resulta difícil saber cuáles son los proyectos más meritorios. En Estados Unidos, por ejemplo, muchos de los fondos asignados a la NASA son objetos de polémica por la cuestionable eficiencia en el uso de los recursos. Pero al menos existe transparencia sobre esas asignaciones. En el caso de Chile, la decisión de apoyar a determinados centros con fondos de asignación discrecional—presumiblemente algunos de ellos provenientes de gastos reservados—se hace en secreto.  

 

Bunster alega que el comportamiento de su centro es de “una gran legitimidad y una gran honradez, porque vamos a hacer grandes cosas con estas recursos.” Naturalmente, nadie puede saber si otros centros hubieran podido hacer cosas aún más grandes y trascendentales. Lamentablemente, nadie les dio una oportunidad de demostrarlo. Pero aún peor, Bunster no reconoce que su acceso a esos fondos está determinado por la relación personal que él ha sabido o podido cultivar con los últimos tres presidentes. Los investigadores que tienen menos habilidad para moverse en las altas esferas del poder tienen menos posibilidades de lograr financiamiento para sus proyectos mientras el gobierno mantenga estas políticas altamente discrecionales en la asignación de recursos para la investigación de punta.

 

Felizmente, el país ha mejorado mucho en transparentar los recursos que se asignan a la investigación científica. FONDECYT ha avanzado decididamente en implementar reglas claras e introducir herramientas de transparencia y rendición de cuentas en muchos de los fondos de que anualmente asigna a proyectos de investigación. Cada investigador que ha postulado, ganado o perdido en esos concursos puede verificar que las decisiones discrecionales son cada día más limitadas y menos discriminatorias.

 

Pero todavía hay mucho más que avanzar. Muchas veces los casos simbólicos y de mayor cobertura en la prensa sirven para catalizar reformas más profundas y ambiciosas. Así como los gobiernos a menudo aprovechan conceptos como “La Señora Juanita” para personalizar la forma en que sus políticas repercutirán en la vida cotidiana de los chilenos, corresponde también aprovechar situaciones como el “Caso Bunster” para introducir reformas que emparejen la cancha. Chile necesita invertir mucho más en innovación y tecnología. Los centros de investigación como el de Claudio Bunster son necesarios para el país. Pero el financiamiento a dichos centros no debiera ser decidido discrecionalmente sino de forma mucho más transparente, competitiva y meritocrática. Por más mérito que tenga Bunster, el sólo hecho que obtuvo sus fondos por la amistad que le une con presidentes de la república refleja el desigual acceso a fondos del Estado que tienen destacados científicos que realizan costosas investigaciones de punta.