Desalojo por ineficiencia

Patricio Navia

La Tercera, mayo 27, 2007

 

Aunque no es la mejor plataforma para construir una campaña presidencial, la estrategia de desalojar a la Concertación que parece promover la Alianza se fortalecería si asocian el nuevo gasto prometido por Bachelet con el despilfarro y con las reconocidas ineficiencias en mejorar la educación que han demostrado los gobiernos concertacionistas.

 

Al igual que la Concertación, la derecha tiene dos almas. Una aboga por colaborar con el gobierno para demostrar que es capaz de dar gobernabilidad. Aunque ambos se vean como rivales, Longueira y Piñera entienden que para llegar a La Moneda primero deben pasar el test de la blancura. Por eso, usando estilos y herramientas distintas, ambos han buscado convencer a la a opinión pública que la Alianza tiene mejores dedos para el piano que la Concertación.

 

La otra alma de la Alianza es más confrontacional. Liderados por Larraín y Larraín, los duros de ambos partidos quieren negarle la sal y el agua a Bachelet. El otrora moderado Andrés Allamand se ha sumado a esa banda. En El desalojo, el senador designado por Valdivia enumera muchas evidencias de falencias de la Concertación. Pero sólo dedica 20 páginas a argumentar a favor de que la Alianza. El ala intransigente de la Alianza quiere llegar a la Moneda por secretaría. En vez de ganar elecciones, quieren eliminar a la Concertación antes de que empiece la competencia.

 

La Concertación, por su parte, ha demostrado crecientes niveles de intolerancia. Ya hastía el gastado alegato de la superioridad moral sobre una derecha que apoyó a la dictadura. La creciente percepción de que ellos son los únicos con capacidad para gobernar comienza a despertar sospechas sobre las convicciones democráticas de esa coalición, y también sobre su disponibilidad para abandonar La Moneda si el electorado así lo decide.

 

Aunque no es suficiente para llevar a la Alianza a La Moneda, los alegatos sobre las deficiencias concertacionistas tienen mérito. Diecisiete años después de llegar al poder, la Concertación no le puede seguir echando la culpa a la dictadura por el deplorable estado de la educación. Es verdad que el gobierno de Pinochet legó un sistema moribundo. Pero la Concertación también recibió una constitución autoritaria y si fue capaz de negociar mejoras. Lamentablemente, la educación nunca fue una prioridad así de urgente para la coalición gobernante. En estos cuatro gobiernos, ninguna cartera ha tenido tantos ministros como la de educación.

 

Más que utilizarlas como municiones para pedir su desalojo de La Moneda, las ineficiencias concertacionistas se deberían construir en la base de un argumento propositivo de la Alianza. La ciudadanía sospecha que la Concertación no sabe gastar bien la plata. Ahora que hay mucha plata para gastar, la Alianza puede ejercer con vehemencia su rol fiscalizador. La única forma de derrotar a un gobierno con la billetera llena es convirtiéndose en adalid de la eficiencia. Porque los gobiernos concertacionistas han privilegiado en demasía los pitutos, el nepotismo, el compadrazgo y la paga de favores políticos, la Alianza puede compartir los beneficios políticos del nuevo gasto asignándose la tarea de velar por su buen uso. La superioridad moral que otorga una fiscalización rigurosa, meritocrática y transparente permitirá a la Alianza atenuar las ganancias electorales para la Concertación por las platas adicionales. Además, le darán a la coalición derechista la legitimidad democrática que necesita. Hay que enterrar el pasado pinochetista y convertirse a una nueva vida en defensa de la eficiencia y la justicia en el gasto público.

 

Pronto, el gobierno comenzará a gastar sin transar. La Presidenta Bachelet realizó muchos anuncios para educación, salud y protección social, pero no se comprometió a metas ni plazos. La Alianza puede quitarle el control de la agenda política al insistir en asociar el nuevo gasto a resultados concretos. La rendición de cuentas fortalece la democracia. Presionada por su coalición, Bachelet cedió en abrir la billetera pero se olvidó del criterio de eficiencia. La Alianza tiene ahora una oportunidad inmejorable para apropiarse de un tema ganador.

 

Este gobierno se ha caracterizado por los errores involuntarios. Repetidamente, la autoridad torpemente ha perdido el control de la agenda y ha caído víctima de sus propias improvisaciones. La Concertación hace méritos para que el electorado los desaloje. Pero en tanto la Alianza no haga méritos para que los chilenos los escojan como reemplazantes, la política chilena se caracterizará por dos coaliciones que irresponsablemente buscan nivelar hacia abajo.