Lagos, el ecologista

Patricio Navia

La Tercera, mayo 3, 2007

 

Cuando más lo necesitaba, Ricardo Lagos fue nombrado enviado especial del Secretario General de la ONU para el cambio climático. El ex presidente tendrá un tema permanente de agenda que le permita resaltar sus fortalezas y le ayude a desarrollar credenciales en un tema de futuro.

 

El propio Lagos señaló que los ex presidentes son como los jarrones valiosos. Todos los aprecian, pero nadie sabe qué hacer con ellos. Porque el suyo fue un gobierno con más aciertos que errores (su popularidad al dejar el poder así lo evidenció), muchos temen que Lagos quiera volver a buscar la presidencia. Su constante preocupación con el bicentenario (que se celebrará después que Bachelet deje el poder) siempre alimentó rumores sobre un posible retorno.

 

Si bien algunas de sus iniciativas inconclusas han sido cuestionadas o no han logrado ver la luz, los logros bajo su sexenio son evidentes. Incluso sus detractores aceptan que el Transantiago no hubiera tenido tantos problemas de implementación si Lagos hubiera estado en La Moneda.

 

Pero su condición de ex presidente presenta más problemas que ventajas. Si Lagos calla es criticado por la oposición, pero si habla es acusado de opacar al gobierno actual. Por eso, la invitación de la ONU le viene como anillo al dedo. Lagos podrá hacerse cargo de un tema de creciente importancia mundial. Eso le permitirá demostrar su vigencia profesional, su influencia internacional y su capacidad para abordar temas de futuro. Además, podrá hablar sin tener que referirse a la política cotidiana chilena.

 

El legado ecológico de Lagos es mixto. Hubo avances importantes, pero se pudo hacer más. Pero algunos ecologistas que han criticado el nombramiento equivocan tanto la forma como el fondo. Ellos están inmejorablemente posicionados para influir en las políticas que promueva Lagos. Precisamente porque han tratado con él (Sara Larraín lo ayudó a ganar la elección en 2000), los ecologistas chilenos serán ahora más influyentes que sus colegas en otros países. Tácticamente, es lo mejor que le pudo haber pasado al movimiento ecologista chileno. Lagos no fue nombrado por ser un combativo ecologista (perfil que hubieran preferido algunos activistas), sino por el respeto mundial que genera como un hombre de principios, razonable y hacedor. Es más fácil lograr que un líder respetado se sume a la causa ecologista que lograr que un activista sea efectivamente escuchado por otros gobiernos.

 

Ahora Lagos tendrá una inmejorable oportunidad para reinventarse como un líder de futuro comprometido con la causa del medioambiente, pero también consciente de que hay que forjar compromisos difíciles para avanzar. Si tiene éxito, su reputación internacional seguirá creciendo. Mejor aún, Lagos finalmente podrá dar vuelta la hoja y hablar más de futuro. No tendrá que seguir, rodeado de nostálgicos asesores más preocupados de sus propias desperfiladas carreras que del ex Presidente, obligado a defender el legado de un gobierno con muchas más luces que sombras.