Si las elecciones fueran este Domingo

Patricio Navia

La Tercera, abril 28, 2007

 

El primer lugar de Sebastián Piñera en la encuesta de La Tercera refleja tanto las cosas que él ha hecho bien como los errores de la Concertación. Pero además de constituir un llamado de alerta para la coalición oficial, estos datos también se convertirán en un llamado a que la Concertación adopte la política de “todos contra Piñera.”

 

Cuando se hace la pregunta pidiendo mención espontánea o cuando se entrega una lista de presidenciables, Piñera tiene la primera mayoría relativa en las encuestas. Su ventaja es superior entre hombres que entre mujeres. Después de 17 años de gobierno concertacionista, las mujeres siguen siendo más adversas al cambio y por lo tanto tienen menos predisposición a votar por un candidato de oposición. El mensaje de “yo o el caos” que antes utilizó Pinochet crecientemente será articulado por los voceros oficiales.

 

Es cierto que Piñera obtiene igual porcentaje de preferencias que la suma de los presidenciables concertacionistas, pero así como Piñera no pudo sumar toda la votación de Lavín en 2005, resulta difícil que el candidato de la Concertación vaya a sumar toda la intención de voto que hoy reciben los aspirantes de su coalición. Naturalmente, resulta importante conocer los resultados de lo que ocurriría en caso de una enfrentamiento entre Piñera e Insulza, Alvear y Lagos por separado. Solo ahí podremos saber qué tan disciplinada es la votación Concertación.

 

Igual que Lavín después de 2000, Piñera tiene que luchar contra el síndrome del agotamiento temprano. Si bien faltan sólo 30 meses para la próxima elección presidencial, hay demasiados piedras en el camino que amenazan con desestabilizar a Piñera. La excesiva presencia mediática del empresario (que opina de política, pilotea helicópteros, bucea, realiza actividades empresariales, regaña a alcaldes que no se expresan bien de la presidenta y sabe las respuestas a todas las preguntas) hace altamente probable que Piñera eventualmente diga cosas inapropiadas y que la gente se sature con su locuaz presencia.

 

Las discrepancias al interior de la Alianza subrayan continuamente que sus dos partidos están más preocupados de sus propios intereses que del país. Además, Piñera tendrá problemas para convencer al electorado que es confiable si aquellos que lo conocen bien, sus aliados de RN y la UDI, siempre alimentan dudas sobre su carácter. Peor aún, en la medida que Piñera se distancie de la Alianza—en vez de liderar a su coalición a que tome posiciones más moderadas—las dudas sobre su liderazgo arreciarán. Como la Concertación ya tiene experiencia destruyendo la imagen pública de candidatos, Piñera debe estar preparado para un ataque frontal de las huestes oficiales que defenderán el control que han ejercido sobre el estado con dientes y muelas.