Gozando de toda la confianza

Patricio Navia

La Tercera, abril 20, 2007

 

La derrota de Velasco fue tanto culpa de Hacienda como obstinación de un gobierno que equivocadamente quiere que los parlamentarios sean un coro disciplinado y obediente.

 

Por primera vez desde 1990, la Concertación goza del control mayoritario de ambas cámaras. Pero el gobierno no ha sabido negociar con el oficialismo para hacer valer esa mayoría. Primero fue la incapacidad negociadora de Paulina Veloso. Después, Viera-Gallo negoció primero con la Alianza.

 

El Ministro de la Presidencia exigió lealtad a los parlamentarios de la Concertación. Pero como él mismo demostró durante sus 16 años como parlamentario, los legisladores presionan para que el gobierno ceda a sus demandas.

 

En vez de negociar, Viera-Gallo intentó imponer disciplina en las filas oficialistas sin tener un garrote adecuado. Antes de sentarse a conversar con los suyos, el gobierno habló con líderes empresariales para que éstos presionaran a la Alianza. La derecha aprovechó la coyuntura para matar dos pájaros de un tiro. Además de demostrar independencia del empresariado, propinó un duro golpe al gobierno. Como resultado, Velasco sufrió una innecesaria y vergonzante derrota.

 

En lugar de corregir rumbo y negociar, el gobierno ha decidido estirar aún más el elástico al interior de la Concertación. Viera-Gallo y Velasco han culpado a los parlamentarios por el fracaso de la iniciativa. Pero la democracia supone que los parlamentarios no sean dóciles ante un gobierno que los ignora cuando diseña leyes y decide prioridades. Si el gobierno no cultiva lealtades, no debiera sorprenderse cuando pierde votaciones. Por cierto, los tres senadores díscolos ganaron en 2001; no con Bachelet en 2005. Además, Bachelet obtuvo menos votos que la Concertación. Después que la Presidenta ignoró a los partidos al formar el gabinete y adoptar prioridades legislativas, no sorprende que algunos parlamentarios actúen en forma independiente. Si el gobierno persiste en la lógica de la confrontación, sufrirá más derrotas en el parlamento.

 

Bachelet ha dicho que Velasco goza de toda su confianza. Pero lo mismo ocurría con Veloso, y no obstante fue removida por su incapacidad para ganarse la confianza de los parlamentarios. El titular de Hacienda debe combinar tres estrategias. Primero, debe mantener la confianza de Bachelet. Segundo, debe tener interlocución válida con el Congreso (especialmente con los oficialistas.) Tercero, debe poder hablar con el empresariado (grandes y Pymes.) Si cualquiera de esas patas cojea, la silla del titular de Hacienda corre peligro.

 

Nuestro sistema político supone un titular de Hacienda poderoso. Después del traspié de Chile Invierte, la mayoría legislativa de la Concertación queda en entredicho. Pero Velasco puede transformar este momento de debilidad en una oportunidad para reconocer errores y mejorar su relación con el parlamento. Si lo hace bien, tendrá suficiente zanahoria y garrote para llevar a feliz término iniciativas legislativas que aseguren una tasa de crecimiento más saludable, avances decididos en el combate a la pobreza y mejoras sustanciales en la distribución del ingreso y de las oportunidades. Si no lo hace, de poco ayudará gozar de la confianza de Bachelet.