Recargando la locomotora

Patricio Navia

La Tercera, abril 15, 2007

 

Porque tiene la mejor opción para sacar a la Concertación del poder, Sebastián Piñera debe jugar cuidadosamente sus cartas. Si construye un buen cortafuego entre su carrera política y sus intereses empresariales, el único obstáculo que lo separe de la Moneda será su propia ansiedad. Porque la “locomotora Piñera” produce admiración, pero también genera desconfianza, el presidenciable RN tendrá que convencer a una mayoría de los chilenos—y especialmente a los líderes de la UDI—que lo suyo es un sueño de país y no un capricho personal.

 

Hay pocos líderes en Chile que demuestren tan claramente su inteligencia y preparación como lo hace Sebastián Piñera. Este exitoso empresario y doctor en economía tiene enormes capacidades intelectuales. Con agenda electrónica en mano, Piñera comenta con tanta facilidad artículos de revistas especializadas estadounidenses como las complicaciones del Transantiago. Piñera maneja temas y cifras. Mejor aún, cuando no sabe, tiene la destreza para hacer las preguntas adecuadas para llegar rápido a la esencia del asunto. Piñera debe ser uno de los candidatos presidenciales con más alto coeficiente intelectual en la historia del país.

 

Además de exitoso, Piñera se sabe inteligente. Pero como muchos que comparten su condición, demuestra impaciencia y poca tolerancia hacia aquellos menos hábiles que él. El tiempo de cada persona vale oro, pero Piñera hace sentir que el suyo vale mucho más. Piñera no gusta de los rodeos. Pero en política, conocer cuándo hacer pausas es más útil que entender bien los problemas y apurarse para buscarles solución. La actitud avasalladora de Piñera le ha valido el calificativo de “locomotora”. Después de 18 años en política, sus peores enemigos estén dentro de la propia Alianza. Piñera puede ser el más admirado, pero no es el más querido. Por eso, su camino a la presidencia no pasa sólo por establecer un fideicomiso ciego. Piñera debe producir simpatía entre la gente con la misma facilidad que tuvo para hacer su fortuna. Si es percibido como un hombre inteligente más preocupado de los números que de las personas, será un candidato tremendamente vulnerable.

 

En 1999, Joaquín Lavín estuvo a punto de ganar la elección presidencial. Pero perdió y nunca logró superar ese trauma. Desde entonces, su liderazgo fue mucho más de pasado que de futuro. En 2005, Piñera también estuvo cerca de ganar. Pero la suya fue una hazaña más loable que la de Lavín. Con una campaña mucho más corta y enfrentando una candidata popular en un contexto económico inmejorable para el país, Piñera tuvo a la Concertación contra las cuerdas. Suponiendo que Bachelet no sea tan exitosa como Lagos, Piñera tendrá una inmejorable opción de ser el próximo presidente de Chile. Pero para poder liderar la construcción de un nuevo sueño nacional, deberá primero convencer al electorado (y a sus propios aliados) que su plataforma presidencial es incluyente, convocante y está al servicio del país; y no un caprichoso sueño personal del chico más inteligente del barrio.