Un gabinete multipolar: el nuevo mapa del poder

Patricio Navia

La Tercera, abril 8, 2006

 

Después del cambio de gabinete, el nuevo grupo de ministros que acompaña a la Presidenta Bachelet está caracterizado por la multi-polaridad. En el primer año de gobierno, la debilidad del equipo político convirtió a Andrés Velasco en el ministro más poderoso. Con el cambio de gabinete, Bachelet abandonó la unipolaridad. Hoy, el poder está más distribuido. 

 

Al nombrar a su primer gabinete, Bachelet privilegió la paridad de género, las caras nuevas y los necesarios balances partidistas. Cuando el trío de ministros de La Moneda resultó un fiasco, el gobierno se quedó sin manejo político. El primer apresurado cambio de gabinete mantuvo la paridad de género y las caras nuevas, pero mejoró la calidad de la gestión. La llegada de Belisario Velasco introdujo más orden. Pero el gobierno siguió cojeando en el manejo político con los partidos y con el parlamento. La debilidad de Veloso convirtió a Velasco Brañes en el principal interlocutor político del gobierno. Pero el titular de Hacienda se sentía claramente incómodo en esa posición.

 

Desde 1990, los ministros de Hacienda han sido celosos protectores de las finanzas públicas. No han sido articuladores políticos. Los que quisieron hacerlo, no pudieron. Pero Velasco Brañes estaba en inmejorable posición para convertirse en el ministro más poderoso del gobierno y no lo hizo. De hecho, dada la debilidad de los ministros de La Moneda, Velasco pareció no tener otra opción. Si él no asumía el control del timón, el gobierno se hundía. Pero el titular de Hacienda lo intentó hacer a regañadientes. Nunca quiso convertirse en jefe de gabinete de facto. Se sintió más cómodo influyendo directamente sobre Bachelet. Por eso, aunque Velasco al final era el que más participaba decisiones políticas, nunca quedó claro en la opinión pública—ni en los partidos políticos—quién llevaba la batuta en el gobierno.

 

Después del cambio de gabinete, Viera-Gallo ha tomado el control. El nombramiento de un nuevo contralor y el reposicionamiento del debate sobre el sistema electoral evidencian su interés en ser jefe de gabinete de facto. En Transportes, Cortázar ha dejado claro que cuando hay ministros con agenda propia y poder autónomo, las cosas se mueven. Cortázar ha gozado de la venia de Hacienda, pero también ha dejado claro que no la necesita. Cortázar tiene peso propio. Velasco difícilmente se puede sentir ahora como el jefe indiscutido del comité económico. Felizmente, Cortázar y Velasco comparten visiones. Pero cuando aparezcan discrepancias, no queda para nada claro quién saldrá victorioso. Cuando tuvo la oportunidad, Velasco no se animó a ser en jefe de gabinete. Ahora ya no será tan fácil hacerlo.

 

Bien pudiera ser que el más feliz con todo esto sea el propio Velasco. Si bien todos los políticos—y Velasco dejó la academia para asumir un puesto político—aspiran a tener más poder, el titular de Hacienda pareció ser el más sorprendido por la debilidad del equipo político. Más que falta de ambición, A Velasco le faltó improvisación para cambiar su hoja de ruta y aprovechar la coyuntura. Nunca aceptó que este gobierno andaba a la deriva y que alguien tenía que tomar el timón. Ahora que Viera-Gallo lo ha hecho—y que Cortázar ha demostrado que los ministros sectoriales también pueden ser actores relevantes—Velasco incluso pareció liberado de una carga que le incomodaba. Pero en política las señales importan. Hacienda tiene hoy menos poder que hace un mes. Los costos políticos del Transantiago han terminado siendo asociados a la lentitud con que Hacienda liberó recursos. Porque él era entonces el ministro más poderoso, la decisión de avanzar sin transar en implementar el Transantiago ha sido atribuida a Velasco. Bachelet reconoció que ella estaba por retrasar la implementación. El que se opuso fue Velasco. Ahí, el titular de Hacienda salió de su trinchera económica para tomar decisiones políticas.

 

Ahora, Velasco ha regresado a la trinchera económica. Pero además de tener un contrapeso fuerte en Cortázar, tendrá que lidiar con un político experimentado y hábil.  En la medida que Viera-Gallo se anote victorias, su poder irá creciendo. Y como siempre ocurra, más que temprano que tarde se producirá una confrontación entre Hacienda y La Moneda. Con sus bonos a la baja, Velasco tendrá dificultades para contrarrestar a Viera-Gallo. Afortunadamente para él, el diseño de Hacienda siempre supuso que su tarea era servir de contrapeso de disciplina fiscal a las presiones por más gasto que emanan de La Moneda.

 

Aunque se negó a asumir el rol de jefe de gabinete, Velasco igual terminó pagando costos políticos por el Transantiago. Ahora que La Moneda ya tiene equipo político de peso, Velasco tendrá que rearmarse rápido para contrarrestar el creciente poder del Viera Gallo. Si tiene éxito, Velasco se fortalecerá y, con mucha suerte, podrá hacer que Hacienda recupere poder. Si falla, Viera-Gallo será un nuevo e incontrarrestable panzer que busque consolidar un gabinete unipolar desde la Secretaría de la Presidencia.