Viera Gallo: ¿Primer ministro?

Patricio Navia

La Tercera, abril 1, 2007

 

Al nombrar a José Viera-Gallo en la Secretaría General de la Presidencia, Michelle Bachelet intentó mejorar la deficiente relación de su gobierno con los partidos de la Concertación y con las distintas bancadas parlamentarias. Ya que la propia Presidenta reconoció que las cosas no se habían hecho bien, Viera-Gallo no tiene tiempo que perder ni espacio para cometer errores. En la medida que el nuevo ministro sepa combinar su natural habilidad para convocar al diálogo con una profunda lealtad hacia sus correligionarios concertacionistas, la suya podrá ser una tarea exitosa. Pero hay suficientes señales que alertan sobre turbulencias en la ruta del ministro.

 

Los grandes problemas de Bachelet han sido de conducción política, Viera-Gallo tiene la difícil tarea de hacer que este gobierno funcione bien. Tiene a su favor muchas habilidades. Nacido en 1943, al ser hijo de diplomático, creció en distintos países. Después de titularse de abogado en la Universidad Católica, ejerció la profesión pero también a la docencia (enseñó incluso teología). Miembro del MAPU desde sus inicios, fue subsecretario de justicia de Allende, donde promovió la creación de los tribunales populares de justicia. Vivió el exilio en Roma. Desde su influyente posición en la Revista Chile-América, Viera-Gallo contribuyó a la renovación del socialismo y al acercamiento de la izquierda con el centro.

 

Durante el cuatrienio de Aylwin, Viera-Gallo presidió la Cámara de Diputados. Desde allí demostró una enorme habilidad para negociar con la oposición. Pero sus posturas no siempre fueron las más populares en la Concertación. De hecho, especialmente cuando se trató de la forma en que se desarrollaba la transición, regularmente estuvo demasiado dispuesto a negociar con personeros de la dictadura. Desde el escándalo de los pinocheques hasta los arrebatos militares (“ejercicios de enlace” y “boinazo”), estuvo del lado de aquellos que querían ceder demasiado pronto a las injustificadas presiones. Alfredo Jocelyn-Holt describió esta práctica como el paso del “avanzar sin transar al transar sin parar.”

 

En el Senado, Viera-Gallo también demostró habilidad para buscar acuerdos. Pero sus posturas fueron poniéndose incrementalmente conservadoras. Si bien representaba al PS, estuvo disponible a negociar incluso algunos puntos esenciales de la agenda de su partido. En la campaña de 1997, Viera-Gallo optó por retractarse después de acusar a los militares de haber “metido las manos” durante la dictadura. Además de provocar ira en su partido, sus dichos reflejaron las dos principales debilidades de este afable y cordial político: Viera-Gallo habla demasiado y le cuesta separar los temas negociables de los intransables.

 

En los días que lleva en el cargo, el nuevo titular de SegPres ya ha dejado ver ambas debilidades. En su primer día en el trabajo recibió a los representantes de la Alianza antes que a los líderes de la Concertación. Para poder llevar a cabo con éxito su tarea, Viera-Gallo necesitará excelentes canales de negociación con RN y UDI. Pero su misión se verá tempranamente frustrada si no establece primero ágiles y efectivos lazos con los partidos y parlamentarios de la Concertación. Más aún, porque no conoce bien a Bachelet, debe primero ganarse su total confianza. Sus declaraciones sobre las razones que motivaron la salida del ex titular de Justicia—donde implicó que habían razones humillantes para Solís que Bachelet no había querido hacer públicas—no contribuyen a ganarse el espacio de principal asesor de la Presidenta. 

 

Las declaraciones sobre Solís subrayan la otra gran debilidad de Viera-Gallo: habla demasiado. Si bien un parlamentario que hable bien se gana el respeto de la gente, la tarea de SegPres es negociar para avanzar la agenda legislativa. Mientras más negociaciones realice en privado y menos mensajes envíe en público, mejor podrá desempeñarse. En los pocos días que lleva en el poder, Viera Gallo ya comparó el desempeño de este gobierno con el de Allende, recordando la lamentable frase de que “este [Allende] es un gobierno de mierda, pero es mi gobierno.” Luego, reaccionando sin necesidad a un crítico artículo de The Economist sobre el primer año de Bachelet, Viera-Gallo calificó la nota como “un chiste.” Esas declaraciones innecesarias levantan la sospecha que el nuevo titular de Presidencia contribuirá al ya endémico desorden de este gobierno. Si continúa privilegiando las declaraciones públicas, su ministerio sumará nuevos errores no forzados a un gobierno que ya los comete en abundancia.  

 

La prolongada carrera legislativa de 16 años de Viera-Gallo llegó a su fin cuando su propio partido votó contra su re-elección en el Senado. Su gran error fue buscar más la simpatía y aceptación de los opositores que la de sus correligionarios. Si comete el mismo error—y mantiene esa locuacidad que lo llevó a sugerir, por ejemplo, que él no votaría por el candidato de su partido al Senado—su paso por el gabinete estará negativamente marcado por una mayor cercanía con la Alianza que con la propia Concertación.