¿Un cambio hacia dónde?

Patricio Navia

La Tercera, marzo 23, 2007

 

Los cambios de gabinete buscan dos objetivos. Primero, permiten corregir errores, reemplazando ministros que se han desgastado demasiado. Segundo, permiten al gobierno retomar el control de la agenda. Cuando ocurren en forma sorpresiva, el gobierno puede optimizar ambos objetivos. Pero cuando se producen por la presión de los partidos políticos y de la opinión pública, el gobierno difícilmente puede retomar el control de la agenda política. Aún así, si las cosas no están funcionando bien, los cambios de gabinete igual son beneficiosos. Pero para tener éxito, la Presidenta debe hacer un diagnóstico adecuado de cuáles son los verdaderos problemas que enfrenta su gobierno.

 

La crisis del Transantiago bien pudiera terminar derribando a este gabinete. Pero sería irresponsable seguir a la Alianza en su alegato que los problemas del gobierno son resultado de las complejidades y errores en el diseño e implementación del Transantiago. Así como cuando un médico de emergencia debe determinar cuál es el problema más urgentes de un paciente, Bachelet debe diagnosticar adecuadamente la más urgente de las fallas observadas en su gabinete. Si bien una mirada rápida apuntaría a Espejo en Transportes o a Relaciones Exteriores (por los errores no forzados de Foxley), Bachelet debiera buscar los problemas que más estructuralmente amenazan el éxito de su gobierno. La falta de manejo político del trío de ministros de La Moneda ha permitido que los errores cometidos en el Transantiago y en otras carteras hayan crecido hasta convertirse en crisis que han debilitado a todo el gobierno.

 

Los cambios de gabinete no debieran siempre implicar caras nuevas. Bien pudiera bastar con poner a la gente en puestos donde mejor podrían desempeñarse. Si bien no ha logrado construir una relación fluida con parlamentarios y partidos políticos, Paulina Veloso podría impulsar una muy necesaria reforma en el poder judicial desde Justicia. Aunque su condición de hijo del ex presidente dificulta su capacidad para ejercer la vocería, Lagos Weber podría hacerse cargo de los enormes desafíos energéticos que enfrenta el país.

 

Al considerar la posibilidad de cambio de gabinete, Bachelet no debe dejarse llevar por las presiones de los partidos (ni por las oportunistas críticas de la oposición.) Pero tampoco debiera sentirse obligada a mantener las poco razonables promesas de paridad de género y de que nadie se repite el plato. En cambio, debe tener como único norte la necesidad de armar un equipo con habilidades políticas y técnicas que le permita, con su reconocido pragmatismo, convertir al 2007 en el año más realizador año de su cuatrienio.