El arte de esquivar el bulto

Patricio Navia

La Tercera, Marzo 18, 2007

 

Las dificultades que ha tenido el gobierno para controlar la agenda en los últimos meses se explica por la poca disponibilidad de los altos funcionarios a enfrentar de frente y con firmeza los problemas. Mientras más perfeccionen el arte de esquivar el bulto, más difícil resultará que el gobierno logre que sus prioridades dominen la agenda política y sus iniciativas se conviertan en realidades.

 

Si bien las encuestas hasta ahora muestran que la Presidenta Bachelet goza de la aprobación de la mitad de los chilenos, las señales de descoordinación que han emanado desde La Moneda han generado preocupación en la elite económica y política. Peor aún, el gobierno ha demostrado poca capacidad para imponer orden en la Concertación. Los esfuerzos por negociar acuerdos con la oposición han sido escasos e infructuosos. Todo esto debería repercutir eventualmente en los índices de aprobación del gobierno (aunque la Presidenta Bachelet siga siendo personalmente popular).  Peor aún, el desorden en el gobierno repercutirá en forma negativa en el desempeño económico del país. Además de la creciente incertidumbre en los mercados mundiales, las confusas señales que envía la administración Bachelet dañan la confianza de la gente en la capacidad del gobierno de hacer bien sus tareas.

 

En su cuestionado Decálogo del 7 de junio de 2006, Bachelet señaló que “necesito un gobierno que se anticipe a los problemas y no que reaccione solamente a ellos. Espero que antes que estalle un conflicto, vayan a hacerle frente sin demora”.  Pero después de un año en el poder, el gobierno parece incapaz de anticipar varios problemas y proclive a apagar incendios con gasolina.

 

Los errores no forzados han sido la tónica en las últimas semanas. La desordenada forma de lidiar con los escándalos de Chiledeportes extendió innecesariamente su efecto negativo. Desde el equivocado apoyo a la subsecretaria Catalina Depassier hasta el frustrado intento por nombrar en ese puesto a un conocido periodista deportivo, el gobierno nunca supo cerrar adecuadamente este caso de corrupción. El inverosímil nombramiento de Loreto Ditzel—renunciada por su involucración en el escándalo Spiniak—volvió a reponer el tema de Chiledeportes en la agenda pública. Además de subrayar la falta de sentido común de Ditzel—que debió haber informado sobre su participación en ese bullado escándalo de pedofilia—ese abortado nombramiento evidenció falta de prolijidad de un gobierno que, entre otras cosas, cuenta con una Agencia Nacional de Informaciones.  

 

Cancillería también ha contribuido con lo suyo. Desde la chambonada de los 9000 kilos de oro hasta el error sobre la frontera con el Perú en la ley de la nueva región de Arica, nuestra diplomacia parece un elefante en una vidriería. La decisión de evitar un incendio en las relaciones con el Perú a través del retraso temporal de un documental de televisión (parcialmente financiado—y aprobado—por organismos del propio gobierno) hacen pensar que el gobierno parece empeñado en sembrar piedras en su propio camino. Si bien contó con la colaboración del presidente del directorio de TVN Francisco Vidal (más interesado en ocupar su autoasignado rol de vocero del ex Presidente Lagos) y del directorio de TVN (que cambio de posición después de una llamada telefónica del gobierno), Foxley ha decidido entrar a la historia como un inútil censurador. El documental lo van a mostrar igual, y lo van a ver mucha más personas.

 

La salida del embajador en Venezuela Claudio Huepe por revelar una conversación privada con Bachelet pudo realizarse de forma más rápida y decisiva. Pese a renunciar, Huepe no desmintió su conversación con Bachelet. Renunció por “provocar un hecho político” no por cometer el error de difundir una conversación privada cuyo contenido incluso permite cuestionar la honestidad de la propia Presidenta.

 

En todas estas situaciones, los responsables políticos no han querido hacerse cargo de los errores no forzados. Hasta la sugerencia del ex Presidente Lagos sobre las responsabilidades del Transantiago, que dijo que había errores de implementación y no de diseño, apuntaron a echar la culpa a otros.  Bachelet prefirió también esquivar el bulto—y criticar a Lagos—diciendo que “no se trata de saber si el diseño era correcto y la implementación no. Lo importante aquí es resolver problemas… son otros los que están dedicados a tratar de buscar responsables…”  Si bien solucionar problemas es esencial, la identificación de los responsables permite asignar las sanciones adecuadas para que en el futuro no se cometan errores similares.

 

Cuando nadie paga por los errores, no hay incentivos adecuados para evitar que éstos se repitan. El tercer anuncio de medidas económicas en un año (Chile Invierte) perdió mucha de su fuerza mediática cuando los propios errores del gobierno lo opacaron en las noticias de la semana. Porque el gobierno ha sufrido por meses los dañinos efectos de los errores no forzados, el no castigar a aquellos que cultivan el arte de esquivar el bulto seguirá teniendo altos costos para Bachelet.