La piñata de las agregadurías

Patricio Navia

La Tercera, marzo 11, 2007

 

La lista de agregados de prensa, culturales y laborales que han sido nombrados desde el retorno de la democracia demuestra la forma en que los gobiernos han utilizado prebendas del estado para pagar favores políticos o para premiar a amigos. Porque Chile debe avanzar hacia una mayor probidad y profesionalismo, privilegiando la igualdad de oportunidades, hay que introducir mecanismos de selección ciega para escoger a las personas más idóneas—y no a los mejor conectados—para todos esos puestos administrativos que son, innecesariamente, de exclusiva confianza del Presidente y cuyas tareas están pobre y ambiguamente definidas.

 

Hoy, el primer mandatario posee discrecionalidad absoluta para nombrar agregados culturales, laborales y de prensa. Si bien la responsabilidad de esos puestos no involucra el manejo de temas sensibles de estado—como sí ocurre, a veces, con los embajadores—los últimos cuatro gobiernos no han renunciado a la vieja y común práctica de utilizar esos cargos como premios para los amigos—e incluso familiares—del Presidente. En vez de buscar personas hábiles para realizar las tareas y responsabilidades de las agregadurías, el criterio muchas veces ha sido el nombrar agregados como premios de consuelo, ayuda a los amigos o retribuciones por activo trabajo en las campañas.

 

Por ejemplo, al menos un agregado fue nombrado para que pudiera ir a Chicago a acceder a avanzados tratamientos para su enfermedad (con el seguro pagado por el estado). Si bien la intención es loable, sólo el hijo de un amigo del presidente Frei Ruiz-Tagle pudo acceder a ese privilegio pagado por todos los chilenos. Hay varias viudas y ex esposas de notables líderes oficialistas en la lista de agregados nombrados en estos 17 años. Aunque ocasionalmente pudiera resultar comprensible ayudar a las viudas o beneficioso para los barones de la Concertación tener a sus ex esposas lejos (con buenos sueldos), es impresentable que todos los contribuyentes sean los que paguen la cuenta.

 

Peor aún, en general, los nombramientos ni siquiera consideran las habilidades de los beneficiados para realizar sus tareas. Es cierto que las responsabilidades están pobre y ambiguamente definidas, pero hay requisitos básicos que debieran ser cumplidos. En ocasiones, los agregados de prensa no hablan el idioma local. Si bien eso puede resultar comprensible cuando se trata de países cuyos idiomas son poco conocidos, es incomprensible que una agregada de prensa nombrada en Estados Unidos por el presidente Lagos no supiera inglés antes de viajar.

 

La costumbre de nombrar artistas y actores como agregados culturales refleja la equivocada forma en que los gobiernos de la Concertación entienden el objetivo de las agregadurías. Así como un médico no tiene por qué saber de dirección de hospitales o un chef no tiene por qué saber sobre administración de restaurantes, un actor no es automáticamente un buen gestor cultural ni un periodista un buen agregado de prensa (especialmente cuando ni siquiera manejan el idioma local). Pero como varios actores trabajaron entusiastamente en las campañas, los presidentes los han retribuido con agregadurías culturales en las capitales más atractivas del mundo. Es meritorio que los presidentes demuestren su agradecimiento, pero no lo deberían hacer a cuenta del erario público. El nombramiento como agregados culturales de los actores Patricia Rivadeneira en Italia y Bastián Bodenhofer en París durante el sexenio de Lagos tuvo mucho más que ver con el compromiso de ambos con la campaña presidencial que con sus demostradas habilidades previas como gestores culturales. El reciente nombramiento del actor Cristián Campos como agregado cultural en Washington, realizado por Bachelet, demuestra que la experiencia en gestión cultural no es un requisito para recibir esta ventajosa y cómoda pega en el estado chileno. 

 

El inapropiado uso de las agregadurías incluye el nombramiento de familiares directos de los mandatarios en estos puestos de confianza que no involucran secretos de estado. Hace un par de años, con su candidez habitual, la ex primera dama Marta Larraechea reconoció que su esposo había nombrado agregado a su yerno para que así el nieto por nacer en España pudiera ser considerado como nacido en territorio chileno. Lindo gesto, pero el resto de los chilenos que vivían en el exterior no tenían acceso al mismo pituto.  

 

Después de tantos años en el poder, es inevitable que la Concertación utilice recursos discrecionales del estado como propios. Creyendo que el triunfo electoral implica la obtención de una piñata con recursos públicos a repartir entre los ganadores, la Concertación se ha negado a avanzar más decididamente en la profesionalización del empleo en todo el servicio público.  Los gobiernos de la Concertación parecen entender las agregadurías como convenientes becas para pasarse unos años en el extranjero. Mejor aún, a diferencias de las becas para estudios de posgrado, en las agregadurías no hay que rendir exámenes, obtener títulos ni producir informes públicos sobre las gestiones realizadas.

 

Después de 17 años en el poder, la Concertación se ha puesto conservadora y ha perdido el hambre de hacer cambios. Para poder realizar las transformaciones que el país necesita para llegar al pleno desarrollo, se necesitan reformas profundas a favor de la probidad y la eficiencia en el manejo de los recursos públicos. Como señal de compromiso con la probidad, el gobierno de Bachelet debiera transparentar los lazos familiares con las autoridades del momento que tuvieron todos los agregados nombrados discrecionalmente por los gobiernos de la Concertación. Adicionalmente, el gobierno debiera renunciar a la discrecionalidad de nombrar las agregadurías e implementar un sistema para profesionalizar esas carreras al interior del servicio diplomático. Para ser un buen agregado cultural, laboral o de prensa primero se debiera pasar un riguroso criterio de selección—y preparación—que asegure que los nombrados sean los mejores y que su desempeño contribuya a mejorar la presencia y reputación de Chile en el mundo.