Méritos y méritos con apellidos

Patricio Navia

La Tercera, marzo 4,  2007

 

Al transparentar el nombre de los beneficiarios de la beca Presidente de la República, el gobierno de Bachelet dio un paso en la dirección correcta. Pero al alegar que “todo esto es un volador de luces sin ningún sentido”, la Ministra Hardy ignora la evidencia de las listas que ella misma entregó. Los miembros de la gran familia concertacionista están sobrerepresentados entre los becarios. Al parecer, y apegándose a lo que indican los datos, cuando los méritos fueron acompañados del apellido correcto, esos postulantes históricamente tuvieron una ventaja adicional.

 

En una columna sobre el nepotismo publicada el domingo pasado señalé que “La Concertación pagará costos cuando se transparenten los nombres de todos los hijos de ministros, senadores, diputados, intendentes y altos personeros políticos que fueron beneficiados con becas Presidente de la República desde 1990 hasta hoy.”

 

Entre 1990 y 2006, se otorgaron 1.879 becas. Aunque también se entregaron becas entre 1981 y 1989, sería iluso no suponer la discrecionalidad en una dictadura. Por eso, mi análisis se limitará al periodo 1990-2006. Si bien la elite dominante en la Concertación incluye miles de personas, para efectos pedagógicos realizaré un ejercicio limitándome sólo a las familias de aquellos que han sido ministros de estado. Desde el retorno de la democracia ha habido 118 ministros de estado. Al revisar la lista publicada por MIDEPLAN encontramos que hay 12 núcleos familiares de ministros con un hijo o hija becario (Alvear, Bitar, Aninat, Etchegaray, Foxley, Hardy, Huepe, Insulza, Lagos, Poblete, Rodríguez y Tohá).  La probabilidad de que alguno de esos núcleos familiares haya tenido un becario durante los 17 años de gobierno de la Concertación es de 1en 9,8. Esta lista naturalmente excluye a aquellos que recibieron becas y después fueron ministros, que son una excelente evidencia de lo beneficioso que resulta para el país tener este programa de becas.

 

La Ministra Hardy dijo también las becas no buscan corregir las desigualdades de origen social. Tiene razón. La beca Presidente de la República para estudios en el extranjero es para la elite. Por eso, para comparar cómo le fue a la familia concertacionista con el resto de los chilenos, excluiremos a los que no son de la elite. Si consideramos que el 10% de los chilenos de más ingresos pertenece a la elite, podemos estimar que hay unas 250 mil familias (1 millón y medio de personas) en esa situación.  La probabilidad de que una de esas familias haya tenido un becario en los últimos 17 años es de 1 en 133. Esto es, las familias de la elite concertacionista tienen 13 veces más posibilidades que una familia de la elite nacional de haber tenido un becario en los últimos 17 años. 

 

El gobierno ha alegado que los todos los becarios con apellidos conocidos tenían mérito suficientes para recibir la beca. Conozco personalmente el trabajo de alguno de ellos y en general comparto esa opinión. Pero el hecho de que lo hayan tenido no quiere decir que tuvieron la misma posibilidad de recibir la ayuda del estado que otros postulantes tan meritorios como ellos. Si suponemos que en promedio los méritos académicos y profesionales de los postulantes con apellidos son comparables a los del resto de las familias de elite, es difícil explicar por qué los núcleos familiares de los ministros concertacionistas están sobre-representados.

 

Uno podría decir que hay más disposición a querer (o poder) trabajar en el sector público cuando uno es hijo de un ministro y que eso explica la sobre-representación. Pero el espíritu de servicio público no se lleva en los genes. De existir procesos realmente competitivos (sin mirar los apellidos) entre todos aquellos que tienen mérito y ganas de trabajar en el sector público, el porcentaje de apellidos concertacionistas no debería ser estar tan sobre-representado.

 

Un experto en estadística nos diría que basta con conocer el porcentaje de todos aquellos que, teniendo mérito, postularon y obtuvieron la beca, para saber si el porcentaje de miembros de la familia concertacionista que, teniendo méritos, postuló y obtuvo la beca se sale de la norma. Pero aún si el éxito en las postulaciones de ambos grupos fuera similar, la sospecha de que la asignación de becas privilegia a personas con los contactos correctos en el gobierno (y aquí también se incluyen las redes políticas, donde si aparecen muchos nombres cuyos méritos académicos son cuestionables o abiertamente insuficientes) bien puede haber disuadido de postular a muchos meritorios aspirantes.

 

La beca Presidente de la República busca premiar el mérito y fomentar la vocación de servicio público. El que muchos becarios anteriores trabajen ahora en importantes puestos de gobierno evidencia que la beca cumple ese objetivo.

 

Más aún, porque la gran mayoría de los becarios fácilmente puede demostrar que tenía méritos suficientes para postular, podemos concluir que la asignación de becas a personas inadecuadas es claramente limitada. Pero la sobrerrepresentación de apellidos concertacionistas también permite concluir que hay un problema grande en la asignación de becas. ¿Cuántos postulantes con igual o mayor mérito que aquellos que tenían apellidos fueron postergados? No lo sabemos. A eso se suma la presencia evidente de conflictos de interés. Si los padres ministros tenían injerencia directa o indirecta en la decisión sobre quién recibía las becas, esos hijos debieron haberse inhibido de postular. 

 

La señal de transparencia que impulsó la Ministra Hardy al hacer públicos los nombres no constituye un enlodamiento para nadie. La transparencia nunca enloda. Es verdad que en algunos casos deja en evidencia algunos problemas, pero nadie debiese sentirse cuestionado porque se haya hecho pública una lista de beneficiarios de una beca que pagamos todos los chilenos.

 

Hardy ha reclamado que MIDEPLAN ya había tomado algunas medidas para regularizar e institucionalizar ciertas prácticas. Pero así como este gobierno se enorgullece de los logros de las administraciones concertacionistas anteriores, corresponde también asumir sus fracasos y equivocaciones.

 

Al entregar los datos, la Ministra Hardy apropiadamente destacó que con la adopción de mecanismos de revisión ciega de currículum (se decide sin conocer el nombre del postulante) y la incorporación de un consejo de 15 miembros en el proceso de selección, aumentó el número de mujeres becarias respecto a años anteriores. Ese solo hecho ya demuestra que la cancha, hasta el año pasado, cuando se introdujeron los cambios, no estaba pareja. La adopción de nuevas medidas para emparejarla permitirá que aquellos postulantes sin apellidos queden en igualdad de condiciones que quienes, teniendo mérito, son miembros de la gran familia concertacionista.