Una ausencia injustificada

Patricio Navia

La Tercera, febrero 18, 2007

 

El Transantiago será uno de los legados más importantes de Bachelet. Irse de vacaciones y no dar la cara frente a los problemas iniciales de esta transición es un gigantesco error. Ya que su popularidad se construye en base a su cercanía con la gente, Bachelet no debió haberse desconectado.

 

Las críticas que ha recibido el Transantiago en su primera semana no debieran hacernos perder de vista las mejoras en la calidad de vida que debiera producir esta reforma—de implementarse adecuadamente y corregirse las falencias—para todos los santiaguinos. Pero el gobierno no debiera ignorar que para ser exitoso, el Transantiago necesita ganarse la legitimidad y aceptación de los usuarios.

 

Resulta irónico que el gobierno preste tan poca atención al descontento de los usuarios. La forma en que se diseñó y la deficiente campaña informativa para involucrar a los usuarios en la transición al Transantiago es profundamente contradictoria con el discurso de Bachelet a favor de mayor participación ciudadana. Para ser implementado por una Presidenta que dice querer más injerencia de la gente en las políticas públicas, el Transantiago pareció olvidar que al centro de la reforma deben estar los usuarios. Los tiempos de espera, la falta de información, la débil rendición de cuentas y la deficiente calidad del servicio en horas punta han alimentado la frustración y el descontento. Si bien Santiago se beneficiará al tener menos micros y un sistema de transportes más eficiente, la calidad del transporte para muchos usuarios empeorará por los tiempos de espera y los trasbordos.

 

Aunque los beneficios del Transantiago superan ampliamente sus costos, estos últimos debieron haber sido minimizados. El gobierno no demostró preocupación real por los ciudadanos ni promovió su participación en el diseño del Transantiago. Muchos errores de implementación, fallas técnicas e improvisaciones pudieran haberse evitado con mayor participación ciudadana.  

 

La ausencia de Bachelet durante la implementación del sistema es injustificable. Si bien algunos elementos técnicos del Transantiago necesitan ser corregidos, la principal carencia observada en esta primera semana ha sido la ausencia de conducción política. Cuando más se necesitaba su presencia y liderazgo en la capital, Bachelet decidió tomarse vacaciones. Todo el mundo tiene derecho a descansar, pero los médicos vuelven a la pega cuando hay una emergencia y los jefes suspenden sus vacaciones cuando las cosas no están funcionando. Sólo aquellos poco comprometidos con su trabajo se van de vacaciones sin consideración por lo que está pasando.

 

Por cierto, tampoco se justifica que la Intendenta Delpiano se vaya de vacaciones. Nadie puede tomar vacaciones cuando lleva menos de un mes en la nueva pega. La aparición esporádica de Lagos Weber demuestra que el vocero de gobierno aprovechó el apellido de su padre para pavimentar su carrera política pero no heredó la misma dedicación a la pega que siempre demostró Lagos Escobar. La actitud del Ministro de Transportes Sergio Espejo, en cambio, ha sido ejemplar. Su optimismo contagioso, su loable paciencia, su celo por hacer cumplir la ley, su dedicación a la pega y su valentía y honestidad al poner la cara y liderar el buque en momentos difíciles contrasta profundamente con un gobierno que literalmente se fue de vacaciones cuando empezaba a arreciar la tormenta. Si bien el Transantiago es una reforma imprescindible, la forma en que fue implementaba subraya el contraste de una administración que habla de gobierno ciudadano pero que ignora a las personas.