Equivocado viaje a Cuba

Patricio Navia

La Tercera, febrero 13,  2007

 

La intención de la Presidenta Bachelet de visitar Cuba durante su mandato envía señales equivocadas sobre las prioridades de su gobierno, sobre su preocupación por la unidad de la Concertación y sobre su propia valoración por la democracia y los derechos humanos. Si viaja Cuba, Bachelet enviará un mensaje contradictorio a la Concertación y errado respecto a los principios y valores que promueve Chile en el mundo.

 

Hace un año, el debate sobre el voto para un representante latinoamericano al consejo de seguridad de la ONU concentró la atención de nuestra política exterior. La campaña de Venezuela—incluido el abrazo cómplice de Chávez a Bachelet en la cumbre de Viena—provocó intensos debates sobre nuestras prioridades exteriores. Ya que Bachelet demoró demasiado para tomar una decisión, surgieron dudas sobre su liderazgo. Cuando al final Chile anunció abstención porque no había candidato de consenso, muchos creyeron que Bachelet quería votar por Chávez pero no se atrevió. Por cierto, Bachelet podría haber anunciado desde un comienzo abstención en caso de no haber consenso. Pero como decidió esperar hasta última hora, ese voto se convirtió en el principal tema de política exterior de su gobierno en 2006. La polémica sobre un viaje a Cuba amenaza con convertirse en el principal tema de política exterior de 2007.

 

La polémica sobre el voto de Chile tensó innecesariamente la relación al interior de la Concertación. La oposición de la DC a votar por Chávez—oportunista para algunos, principista para otros—generó roces innecesarios entre Bachelet y Alvear. Porque adoptó una posición antes que Bachelet, Alvear pareció forzarle el brazo a la Presidenta. De viajar a Cuba, no pocos DC—y muchos en la oposición—le pedirán a Bachelet que se reúna con los disidentes en la isla. Visite a quien visite en el viaje, la Concertación sufrirá mayores roces si la Presidenta decide ir a Cuba.

 

El gobierno de Frei Ruiz-Tagle introdujo el concepto de defender principios y no personas. Por más amistad que haya demostrado Fidel Castro hacia los chilenos exiliados, la defensa de la democracia en América latina, es un loable principio que ha consagrado la Concertación. Un viaje presidencial a Cuba constituiría un apoyo implícito a su dictadura. A menos que Bachelet quiera ir a provocar al régimen cubano reuniéndose con la oposición—cosa que han hecho otros presidentes que han ido a Cuba y algo que también hizo, por ejemplo, el Papa cuando vino a Chile—la visita de Bachelet será correctamente interpretada por partidarios y adversarios del gobierno cubano como un espaldarazo a la dictadura. Porque en Chile ya experimentamos dictadura, ningún mandatario chileno puede dar señales equivocadas respecto a nuestro compromiso con la democracia como única forma legítima de gobierno.

 

Cuando se apronta para iniciar su segundo año en el poder, la mandataria debería demostrar que aprendió de los errores del primer año. El realizar un viaje a Cuba le significará muchos más costos que beneficios.