Otra advertencia

Patricio Navia

La Tercera, febrero 6, 2007

 

El resultado de la encuesta Adimark confirma que, si bien la primera mujer en llegar a La Moneda goza del cariño y respeto de los chilenos, la ciudadanía también percibe los problemas que ha tenido para controlar la agenda de gobierno y para mostrar éxitos concretos de su gestión.    

 

Aunque no tuvo la misma espectacularidad de las protestas estudiantiles, la actual crisis por los escándalos de corrupción ha tenido efectos más dañinos para el gobierno que la revolución de los pingüinos. Si bien Bachelet también tuvo una respuesta inicial errática a las protestas de mayo y junio, su decisión de expresar solidaridad con las demandas le permitió ponerse del lado de los buenos. Luego, al crear una comisión primero y hacer un cambio de gabinete después, Bachelet demostró que podía dar también una respuesta de estado a la crisis, evitando un problema de gobernabilidad.

 

Ante los escándalos de corrupción recientes, Bachelet intentó una respuesta similar. Primero dijo que le indignaba la corrupción, logrando así ubicarse del lado correcto. Su intento de formar una comisión para poner fin a la corrupción se frustró cuando fue revelada por uno de los senadores involucrados en las denuncias. En lugar de un cambio de gabinete, Bachelet intentó con cambio de intendentes y gobernadores. Pero en vez de disminuir, el descontento de los partidos aumentó después que Bachelet movió sus piezas.

 

El problema de Bachelet es que enfrentar a los partidos políticos resulta infinitamente más complicado que lidiar con los estudiantes secundarios. Con las colectividades, la mandataria no puede dar dudosos golpes de autoridad ni puede esperar que lleguen las vacaciones (en julio pasado, la llegada de las vacaciones ayudó a desperfilar el movimiento estudiantil) para que se acaben los problemas.

 

Para abordar creíblemente la crisis provocada por los escándalos de corrupción, Bachelet debe demostrar habilidades políticas. No basta con aparecer cercana a la gente, confiable y bien intencionada. Para ser una presidenta exitosa, Bachelet debe demostrar que sabe manejar bien las herramientas de poder político que nuestra institucionalidad simbólicamente entrega—junto a la banda presidencial—a los inquilinos de La Moneda.

 

En el congreso, las iniciativas de ley primero se aprueban en general (algo así como la idea de legislar). Después de los informes de las comisiones respectivas, cada cámara tiene que aprobar ‘en particular’ el articulado de la nueva ley. Si bien la aprobación en general es esencial, sólo en la aprobación en particular se puede evaluar el éxito de una iniciativa. La última encuesta Adimark debiera constituir una nueva advertencia para la Presidenta. A menos que los chilenos vean éxitos concretos en su gestión—y estos se reflejen en la aprobación en particular de temas clave de gobierno—la aprobación general de Bachelet tendrá una pendiente a la baja durante el 2007.