De vacaciones

Patricio Navia

La Tercera, Febrero 5, 2007

 

La incapacidad de la Presidenta Bachelet en lograr un amplio acuerdo de cambios institucionales que eviten nuevos escándalos de corrupción como los que han dominado la agenda en los últimos 3 meses constituye una mala señal para los tres años de gobierno que faltan. Porque se va de vacaciones antes de llegar a un acuerdo, la mandataria permite que los escándalos de corrupción sigan copando la agenda política a partir de marzo.  

 

Hace cuatro años, cuando arreciaban similares escándalos, el Presidente Lagos logró un histórico acuerdo con el líder de la UDI Pablo Longueira a fines de enero. Eso le permitió tomar unas cortas vacaciones con la tranquilidad de que, a partir de marzo, podría nuevamente retomar el control de la agenda política. Hoy, Bachelet no ha sido capaz de lograr tal acuerdo. Cuando vuelva de sus vacaciones, la corrupción seguirá dominando la agenda política. Eso enturbiará las prioridades legislativas de su gobierno. Los debates sobre la corrupción evitarán que las otras iniciativas reciban la atención que necesitan de la opinión pública y el apoyo de la clase política para convertirse en realidades concretas.

 

Por cierto, Bachelet sí ha adoptado algunas medidas para combatir la corrupción. Por ejemplo, su decisión de transparentar los nombres de los asesores en cada ministerio. Ningún presidente anterior de la Concertación había demostrado tal transparencia. Si bien hubiese sido conveniente además incluir la duración y los montos involucrados en las asesorías, la decisión establece un precedente saludable que debiese ser convertido en ley y que, por cierto, también sea extensivo al poder legislativo. Ahora bien, las revelaciones despiertan más sospechas sobre el uso del aparato de estado como agencia de empleo para la familia (política y sanguínea) de la Concertación. A la transparencia debe ahora seguir la probidad. Las preferencias familiares a la hora de otorgar empleo son una pésima señal de un gobierno socialista que promete igualdad de oportunidades. Así y todo, Bachelet ha elevado la vara para todos los próximos presidentes a la hora de demostrar un compromiso con la transparencia.

 

Ahora bien, los presidentes son también llamados a demostrar habilidad política para liderar cambios institucionales. Ahí Bachelet literalmente queda con exámenes para marzo. La Presidenta no ha podido forjar un acuerdo con los partidos de gobierno (sumidos, en el caso del PPD y PDC, en cruentas guerras civiles) y de la oposición que produzca cambios institucionales que fortalezcan la transparencia y mejoren la probidad. Bachelet debe demostrar que puede avanzar en reformas institucionales y, a través de acuerdos políticos, lograr que los escándalos deriven hacia los tribunales. Solo así podrá despejar la cancha de la política cotidiana para avanzar su propia agenda. Si no lo logra, el suyo corre el riesgo de ser un gobierno que tenía la buena intención pero fue incapaz de producir los resultados.