Alvear versus Zaldívar, recargado

Patricio Navia

La Tercera, enero 23, 2007

 

Más que alimentar dudas sobre la capacidad de la Presidenta Bachelet para nombrar personas adecuadas en puestos de confianza clave, el cambio de intendentes una vez más desnudó la profunda crisis al interior del PDC. Al hacer pública su inconformidad con los cambios, la disidencia colorina implícitamente dio a entender que ellos constituyen un partido distinto al que lidera la senadora Soledad Alvear.

 

Si bien las críticas han ido dirigidas hacia Bachelet, las razones argumentadas por el sector de Adolfo Zaldívar y Jaime Mulet—llamados ‘colorines’—suponen que los equilibrios al interior de la Concertación se deben hacer extensivos a las facciones del PDC. Estos equilibrios tradicionalmente se asociaban con mantener un número razonable de militantes de cada partido en reparticiones públicas. Cada partido podía aspirar a puestos de confianza en una proporción que reflejara tanto la votación que había obtenido en la última elección como sus escaños en el parlamento.

 

Al reemplazar a algunos intendentes y gobernadores, Bachelet respetó la correlación de fuerzas al interior de cada partido. Por eso, el sector liderado por Alvear—que ganó en junio las elecciones internas con más de un 70%--recibió más nombramientos que la facción disidente. Bachelet entiende a la Concertación como una coalición de partidos políticos con identidad propia. Más que concertacionista, Bachelet primero es socialista. Pero como leal militante, espera que los platos sucios de cada partido se laven en casa.

 

Adicionalmente, el diputado Mulet está molesto porque la nueva Intendenta de su región milita en el PS y no en su sector del PDC. Al parecer, el diputado, que tiene aspiraciones de convertirse en senador en 2009 entiende equivocadamente que los intendentes deben preparar los próximos comicios con el uso de recursos públicos. Ya que toda la política es siempre local, su particular virulencia (al comparar injustificadamente este conflicto interno de la DC con la polarización nacional ocurrida durante Allende) debe ser entendida en el contexto de las aspiraciones políticas personales del que otrora fuera Jefe de Campaña de Bachelet.

 

Las críticas a Bachelet que emanan de la DC reemplazan una declaración de guerra interna en ese partido. Pero la tensión entre Zaldívar y Alvear igual amenaza con devenir en una guerra civil. Las cuentas pendientes suman y siguen. Alvear resiente que Zaldívar ayudara a arruinar sus aspiraciones presidenciales en 2005. Zaldívar siente víctima de de la máquina política que históricamente dirigió Gutemberg Martínez, el esposo de Alvear.

 

Este recambio de autoridades evidencia que la falla geológica que amenaza a la unidad de la DC está más peligrosa que nunca. Si no termina por dividir al partido, el conflicto entre Alvear y Zaldívar al menos pavimentará el camino para que en 2009 la DC tenga que enfrentar una tercera elección presidencial consecutiva sin candidato propio.