En país de ciegos

Patricio Navia

La Tercera, enero 20, 2007

 

Mientras la Alianza no logré superar sus conflictos internos, ningún escándalo de corrupción será suficiente para sacar a la Concertación de La Moneda. Porque RN y la UDI se han pasado los últimos 18 años más preocupados de hacerse daño que de ganar elecciones, la Concertación en una fuerza política incontrarrestable.

 

Esta semana, la confianza y autoestima de la Concertación quedó en evidencia cuando los últimos tres voceros de gobierno sugirieron que Chiledeportes se mandaba sólo. Además de escapar a la responsabilidad política del gobierno de turno, los ministros voceros desconocieron que el director de Chiledeportes es subsecretario en la propia Secretaría General de Gobierno. La Concertación se comporta en forma prepotente porque se siente segura en el poder.

 

La Alianza por Chile sigue pagando el costo de haberse identificado tanto con la dictadura. Muchos de sus líderes parecieron experimentar nostalgias autoritarias cuando murió Pinochet. Como si los recuerdos de la dictadura los enorgullecieran, algunos aliancistas parecen querer seguir atrapados en esa inconveniente coyuntura. Mientras la Derecha siga asociada a la dictadura, la Concertación seguirá en el poder.

 

Felizmente, los dos presidenciables de la Alianza (Sebastián Piñera y Joaquín Lavín) hace tiempo se alejaron del legado autoritario. Si bien esa decisión les permitió ganar más votos, los costos en sus partidos han sido enormes. Aunque es una de sus figuras mejor calificadas, Lavín ha sido motivo de la burla al interior de la UDI. Si el gremialismo muestra esa falta de solidaridad con los suyos, será difícil ganarse la confianza de millones que nunca han sido parte del círculo íntimo UDI. En RN, el apoyo a Piñera parece ser menor que en la encuestas. Algunos incluso han intentado levantar otros presidenciables. Desconociendo la ventaja del acaudalado empresario, varios RN dejan claro que no confían en Piñera. Pero si sus aliados cercanos no confían en él, Piñera difícilmente podrá ganarse la confianza de una mayoría del electorado en 2009.

 

Peor aún, RN y UDI parecen incapaces de ponerse de acuerdo. Las heridas de la división de 1988 todavía no cierran. Un país que quiere que sus políticos de todos los colores se pongan de acuerdo para avanzar hacia el desarrollo difícilmente confiará en una coalición unicolor donde las disputas sobre los matices han sido excesivamente sangrientas. RN y UDI han vivido pelando. Pero ahora, los conflictos se extienden al interior de ambos partidos de cara a una elección presidencial que la derecha no se puede dar el lujo de perder. La alternancia presidencial ayuda a fortalecer la democracia. Pero para que haya alternancia primero debe haber alternativa. En tanto la Alianza siga enfrascada en una guerra balcanizada, la Concertación—pese a cualquier escándalo—seguirá en el poder.

 

Porque en un país de ciegos el tuerto es rey, mientras la Alianza siga enfrascada en conflictos internos, la Concertación podrá seguir usando y ocasionalmente abusando de su incontestable capacidad para mantenerse en poder.