Comisiones, inútiles comisiones

Patricio Navia

La Tercera, enero 13, 2007

 

Las comisiones investigadoras de la Cámara de Diputados son cada vez menos relevantes en la política nacional. Si bien históricamente siempre tuvieron una utilidad más mediática que efectos reales en sancionar la falta de probidad, su proliferación en años recientes incluso ha minimizado el efecto mediático de sus informes. Hoy, poca gente pone atención cuando se forman comisiones investigadoras y todavía menos conocen los contenidos de sus informes. A menos que se fortalezcan sustancialmente las atribuciones de las comisiones y se limite su número, el papel fiscalizador de la Cámara de Diputados devendrá en componente irrelevante de nuestra institucionalidad política.

 

La Cámara de Diputados tiene el mandato constitucional de fiscalizar los actos del ejecutivo. Muchos parlamentarios que hoy están entre los personajes políticos más conocidos lo hicieron a través de sus roles de fiscalizadores. El éxito de algunos diputados fiscalizadores pavimentó su camino a la Cámara de Senadores. Pero ya que el Senado posee otros mandatos institucionales, varios de aquellos que hicieron su carrera como diputados fiscalizadores terminaron desperfilándose en el Senado.

 

En la Cámara, la fiscalización sigue siendo una buena forma de construirse un perfil nacional. Las denuncias de corrupción en el ejecutivo, abusos en el sector privado, violaciones de derechos de consumidores, escándalos, arbitrariedades e injusticias varias han sido una forma inmejorable para ganar páginas en los periódicos y tiempo en televisión. Porque resultó una estrategia exitosa en los 90, la competencia por ser diputados fiscalizadores aumentó en años recientes. Como siempre ocurre cuando hay más competencia en el mercado, el premio de la defensa de la probidad se diluyó entre muchos más aspirantes a ser campeones de la fiscalización.  

 

Lo mismo ha ocurrido con las comisiones investigadoras de la Cámara. Aunque en principio uno pudiera pensar que mientras más comisiones mejor, la proliferación de comisiones ha reducido el impacto específico de cada una ante la opinión pública. Por ejemplo, el recuerdo de la comisión de los pinocheques, y de las presiones políticas que suscitó, está en los libros sobre nuestra transición. Pero los informes de comisiones de investigación más recientes apenas lograron espacios secundarios en la prensa.  

 

El número de chilenos que lee informes de las comisiones siempre fue reducido. Pero el efecto mediático de esos informes era mucho mayor antes. Pese a la creciente importancia actual de la corrupción, la capacidad de influir que tiene la Cámara de Diputados, a través de sus comisiones investigadoras, ha disminuido. Ya sean un escándalo que amenace a la Concertación o a Alianza, la mejor forma de bajarle el perfil es a través de la creación de una comisión de investigación de la Cámara.

 

Porque está produciendo el efecto opuesto al esperado, las comisiones investigadoras debieran ser rediseñadas. Porque la Cámara debe fortalecer su rol fiscalizador, bien valdría la pena pensar en la posibilidad de reducir su número. Aunque parezca contraintuitivo, mientras menos comisiones de investigación existan más efecto real tendrá cada una de ellas.