Instrumento vencido

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 29, 2006

 

Después de haber nacido como partido instrumental cuando todos los otros partidos en Chile tenían posiciones ideológicas fuertes, el PPD no fue capaz de evolucionar a la par con la democracia chilena. En vez de continuar liderando la apertura de espacios de participación ciudadana y transparentando sus procesos internos, el PPD se convirtió en un partido dominado por el caudillismo y las facciones temporales. Hoy, herido de muerte, el PPD parece listo para sumarse a la lista de partidos que infructuosamente intentaron destronar la prolongada dominación que han ejercido los partidos Demócrata Cristiano y Radical sobre el centro político chileno.

 

La causa de la crisis actual del PPD se encuentra en las circunstancias que rodearon su formación. Ya que el PS estaba proscrito y porque muchos creían necesario formar un frente común que uniera a todos los que se oponían a Pinochet, una coalición variopinta de líderes modernos y viejos zorros políticos formaron el PPD antes del plebiscito de 1988. Pero luego el PS se reunificó y la Concertación se convirtió en el arco iris que daba cabida a todos los grupos opuestos a la dictadura.

 

El PPD se quedó sin razón de ser. Pero como había espacios de poder que distribuir y comos muchos técnicos con poca experiencia político partidista y muchos políticos con pocas habilidades técnicas no se sentían cómodos en los partidos tradicionales (PS, DC y PR), sobrevivió como tantas otras instituciones temporales de la transición. No obstante, así como se acabaron los senadores designados y se terminó con la inamovilidad de los comandantes en jefe, la vida útil del partido instrumental también llega a su fin.  

 

La estabilidad de la democracia chilena se basa en la incuestionable gobernabilidad que ha entregado la unión del centro y la izquierda en la Concertación, y en la menos estable capacidad de la Alianza para ser oposición disciplinada, con habilidad para forjar acuerdos y ganas (más que capacidad) de atraer apoyo electoral mayoritario. Por eso, la crisis del PPD no tiene por qué sentirse más allá del PPD. En la Concertación, el PDC, PS y PRSD estarán felices de sumar a los náufragos a sus filas y pronto ocuparán los espacios de poder que deje el eventual difunto partido. Incluso la relación interna en la coalición pudiera mejorar con menos actores en la mesa de negociación.

 

La crisis del PPD tampoco debe ser confundida con la falta de liderazgo de La Moneda. Las falencias de La Moneda para tomar control del timón son anteriores y superiores a esta crisis. Después que una protesta estudiantil tuvo a Bachelet contra las cuerdas a mitad de año, nadie debería sorprenderse al verla trastabillar confundida cuando el PPD corre riesgo vital al terminar el año.

 

Ya que la corrupción es la principal amenaza para su éxito futuro, el escándalo que hoy sacude al PPD amenaza a la propia Concertación. Pero una crisis terminal del PPD se explica por la desaparición de los instrumentos que facilitaron la transición a la democracia no por el fin de la viabilidad de un pacto de gobernabilidad entre el centro y la izquierda política del país. La corrupción, en cambio, si sigue ocupando la agenda política del país si constituirá una amenaza vital para la Concertación.