Responsabilidad política

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 23, 2006

 

La gente espera que los políticos sean capaces de alcanzar acuerdos que contribuyan a un mejor desempeño económico y una mayor armonía social en el país. Cuando los líderes políticos insisten en acusarse mutuamente, todos terminan perdiendo y, lo que es peor, la democracia también se debilita.

 

Los escándalos de las últimas semanas han golpeado duramente a la Concertación. La falta de proyecto común se ha constituido en la principal debilidad de la otrora exitosa coalición de gobierno. El débil liderazgo de Bachelet ha contribuido a aumentar el desorden al no poder poner fin a la seguidilla de estocadas al interior de la coalición. La capacidad de gobernabilidad de la Concertación ha disminuido notoriamente y con ella, su principal activo político.

 

A su vez, la Alianza se mantiene estable en su gravedad. Después de perder su cuarta elección presidencial consecutiva, se ha debilitado la convicción democrática de muchos derechistas. La muerte del ex dictador parece haber aumentado la nostalgia por los años en el poder de la mano del autoritarismo. Desconociendo que la obligación de un político es forjar acuerdos en beneficio del país, algunos parecieran dispuestos a hundir el país con tal de ahogar a la Concertación. Si durante el periodo 1973-2000, quisieron hacer política recurriendo a personajes supuestamente no políticos, ahora muchos líderes de derecha creen que su única tarea es denunciar los ilícitos del gobierno. Pero al convertirse en fiscalizadores de tiempo completo, olvidan que para llegar democráticamente al poder deben ser capaces de dar gobernabilidad.

 

En la confusión reciente, se produjo una acertada y oportuna declaración del ex Ministro del Interior José M. Insulza, poniendo en perspectiva la compleja evolución entre el dinero y la política. Porque los problemas se pueden convertir en oportunidades, Insulza nos recordó que la crisis de 2003 llevó a avanzar en forma decida—aunque insuficiente—en transparentar la relación entre el dinero y las campañas políticas.

 

Las palabras de Insulza produjeron orden en la Concertación. Pero mientras La Moneda no asuma con autoridad el control del timón, las rencillas internas no se acabarán. En la Alianza, muchos equivocadamente piensan que el acuerdo forjado en 2003 con el gobierno de Lagos no les fue conveniente. Ignorando que le hizo bien al país, culpan a Pablo Longueira por haber negociado con Insulza ese monumental acuerdo. Por eso, varias voces se alzaron criticando los dichos del ex Ministro. Unos pocos—incluido por cierto Longueira, quien también pareció haber perdido el rumbo en días pasados—han reaccionado con razonable mesura.

 

Inevitablemente, la oportuna intervención de Insulza deja en el ambiente la incómoda sensación de que nuestra clase política no está a la altura de lo que se merece el país. Por contraste, el comunicado de Insulza nos ha recordado momentos en que el liderazgo político fue capaz dejar de poner fin a las acusaciones mutuas de culpabilidad y logró ponerse de acuerdo en la búsqueda de solución a los problemas.