Disuadiendo a Lagos

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 17, 2006

 

A dos años del inicio de la próxima contienda presidencial, la incuestionable popularidad de Ricardo Lagos Escobar. lo convierte en blanco favorito para las críticas de tibios aliados y ardientes adversarios. Para poder alcanzar la presidencia, hay que sacar a Lagos del camino. Más que buscar derrotarlo, todos aquellos que quieren ver otra sucesión para Bachelet querrán disuadir a Lagos de lanzar una nueva candidatura presidencial. Pero mientras más lo ataquen, más probable resulta que Lagos se anime a buscar un nuevo periodo en el poder.

 

Hoy por hoy, Ricardo Lagos es la mejor carta presidencial de la Concertación. Mientras más se le complica el gobierno a Bachelet, más realizador parece el de Lagos. Mientras más se cuestiona la autoridad de la Presidenta, más añoranzas produce el estilo firme y autoritario de Lagos. Nunca hubo en Chile un ex presidente con tanto capital político.

 

Como todo gobierno, el suyo no estuvo exento de errores. Su preocupación por impulsar ambiciosas obras de infraestructura y su obsesión con dejar un legado duradero llevaron a relajar algunos controles de probidad. Si bien resulta injusto hablar de una ‘ideología de la corrupción’, la combinación de urgencia por realizar proyectos y el inevitable efecto de tanto tiempo en el poder se combinaron para que estallaran preocupantes casos de corrupción durante su sexenio. La debilidad de Lagos por nombrar familiares en cargos de confianza también contribuyó a alimentar la percepción de que la Concertación se estaba convirtiendo en un clan que distribuye internamente los puestos y recursos del estado. Pero al final del día Chile estaba mejor después de Lagos que antes de su llegada. La democracia se consolidó, la economía creció, las instituciones funcionaron, hubo menos pobres y se adoptaron reformas de educación superior y de salud que en el mediano plazo mejorarán la distribución de las oportunidades, el ingreso y la riqueza.

 

Por eso, desde la Alianza han decidido que su principal adversario es Lagos mucho más que Bachelet. Con Lagos de candidato resultará más difícil para la Alianza volver al poder. La UDI y RN se dedicarán a atacar su obra y a cuestionar su legado para disuadir al ex mandatario de buscar un nuevo periodo en La Moneda. Pero como los escándalos de corrupción ya estallaron (y su efecto pasó) y como la predilección de Lagos por obras de infraestructura hace difícil pone en duda la realidad de su legado, la Alianza difícilmente logrará desanimar a Lagos en caso de que este quiera ser candidato en 2009.

 

A su vez, en tanto mantenga su popularidad, Lagos será la mejor carta concertacionista. Esta coalición que cumplirá 20 años en el poder pone sus diferencias de lado al momento de escoger candidato presidencial, siempre se impone el nombre con más posibilidades de ganar. Por eso, son poco creíbles las amenazas y advertencias sobre cuál partido tiene el mejor derecho para nombrar candidato. La DC no se va a embarcar en una aventura con un nombre que no suscita suficiente apoyo en las encuestas. Si Lagos se mantiene como el favorito en las encuestas, la DC preferirá apoyar al candidato que mejores posibilidades tiene de retener el ejecutivo—con todos sus cargos de confianza, pertrechos y acceso a recursos—en manos de la Concertación. Tal como le ocurrió a Alvear cuando quedó detrás de Bachelet en los sondeos, los propios parlamentarios del partido serán los primeros en abandonar al abanderado PDC. Por mantener La Moneda, bien vale renunciar a tener candidato propio.  

 

Por eso, a menos que el electorado quiera un candidato más de futuro, Lagos seguirá inmune a los intentos por debilitarlo que emanan desde la Alianza y del propio oficialismo. Es más, las acusaciones de la Alianza y de algunos tibios aliados de la Concertación bien pudieran tener el efecto opuesto al esperado. De tanto sentirse atacado, Lagos llegará a pensar que la mejor forma de defender su legado es presentándose por una última vez ante el electorado nacional.