Inmune

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 10, 2006

 

Michelle Bachelet parece haber logrado separar su persona de la forma en que los chilenos evalúan su gobierno. Por razones fáciles de entender, la Presidenta se ha ganado el cariño de la gente. Pero para entrar a la historia por la puerta ancha, también debe ganarse el respeto de la opinión pública.

 

En la encuesta de noviembre de Adimark, Bachelet alcanzó un nivel de aprobación de 51%. Pese a los escándalos de corrupción, mejoró respecto al 46% de octubre. Bachelet sigue siendo más popular entre las mujeres y en los estratos más bajos. Entre las personas de más ingresos, su aprobación sólo llega al 43,2%.

 

Pero cuando se pregunta por el desempeño en temas específicos, Bachelet alcanza una alta aprobación sólo en relaciones internacionales (64,9%). En economía la aprueba un poco menos del 50%. En salud su aprobación (44,4%) es similar a su desaprobación (45,2%). En educación, empleo y delincuencia son muchos más los que desaprueban que los que aprueban su gestión. La delincuencia y el desempleo son los temas donde el gobierno termina peor evaluado (79,4% y 29,9% de desaprobación).

 

Así y todo, Bachelet debe sentirse satisfecha de haber vuelto a superar el 50% de aprobación. La presidenta está de regreso en los niveles pre-protestas estudiantiles. Pero la baja aprobación en temas específicos apunta a problemas estructurales de su administración. La presidenta es llana, simpática y cercana. La gente la quiere, pero no asocia su gobierno con éxitos concretos. Bachelet corre el riesgo de convertirse en la Presidenta simpática que lidera un gobierno mediocre. Los principales logros legislativos de su administración han sido obtenidos desde Hacienda. Andrés Velasco se ha convertido en el ministro más efectivo en el Congreso ganando casi todas las batallas que ha dado. Aunque también debe abordar la esperada reforma previsional, el cada vez más poderoso ministro parece decidido a dejar su marca incluso en una reforma al mercado laboral. 

 

El resto del gabinete ha sido menos efectivo. Las reformas políticas han sido abandonadas (nadie habla de la reforma al binominal y podemos olvidar la elección directa de intendentes y consejeros regionales en 2008.) El proyecto de Ministerio de Seguridad ha sido rebajado a subsecretaría. La comisión de reforma educacional está lejos de preparar un informe consensuado. Varios de los otros ministerios ni siquiera tienen prioridades legislativas. La guinda de la torta en los errores del manejo político es la incapacidad de la ministra Veloso para alcanzar un acuerdo sobre el nuevo Contralor.  El mediocre éxito de poca ambiciosa agenda legislativa de La Moneda en el Congreso no augura un buen futuro a la iniciativa anticorrupción anunciada recientemente por Bachelet.

 

La débil agenda legislativa del gobierno ha facilitado los conflictos entre los partidos de la Concertación. La Moneda es un actor cada vez menos relevante en el desarrollo político de la coalición de gobierno. Además de no avisar a La Moneda antes de iniciar sus rencillas, los partidos ni siquiera oyen los llamados a tregua que salen desde un palacio de gobierno donde escasean las habilidades y el liderazgo político.

 

Bachelet tiene motivos para sentirse satisfecha con el resultado de estas encuestas. Todo presidente debe tener altos niveles de aprobación si quiere ser efectivo y aspira a disciplinar a su coalición de gobierno. Pero la Presidenta debe entender que aprecio no es sinónimo de respeto y incitar cariño no es lo mismo que imponer autoridad. Para que el suyo sea un gobierno exitoso, a partir de su saludable popularidad Bachelet debe construir una agenda que impulse a los partidos de la Concertación a disciplinarse en torno a su liderazgo.