Pinochet y Castro en sus horas finales

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 4, 2006

 

Dos de los más importantes símbolos para la izquierda chilena enfrentan paralelamente una difícil batalla con la muerte. La forma en que reaccione a la partida de Fidel Castro y Augusto Pinochet, incorporando también a su identidad futura la herencia de ambas experiencias, determinará la capacidad de la izquierda para ser un referente relevante en el futuro de nuestra democracia.

 

La historia recordará con sus luces y sombras los imponentes y polémicos legados de Augusto Pinochet y Fidel Castro. Ambos marcaron las vidas de millones de chilenos. Para la izquierda, Fidel siempre fue un símbolo de lucha antiimperialista y del ideal de igualdad y justicia social. Pinochet en cambio simbolizó el amargo fin de la vía chilena al socialismo y el sufrimiento de la dictadura.

 

La dictadura en Chile, el fin de la guerra fría y la evolución de la propia dictadura castrista llevaron a la izquierda chilena a abandonar el modelo cubano. Los exitosos gobiernos de la Concertación—en particular el de Ricardo Lagos—se han convertido en nuevos referentes pragmáticos para la izquierda, que ahora sabe que se puede lograr mucho más con moderación que con llamados a avanzar sin transar. Pero la izquierda aún  tiene cariño personal a Castro y a su revolución. Aunque nadie quiera reeditar su modelo, el recuerdo de Fidel siempre será rescatado por los ideales de justicia social y dignidad de los pueblos.

 

Lo opuesto ocurre con el legado de Pinochet. El dolor que sufrieron tantos durante la dictadura hace imposible que alguna vez la izquierda se reconcilie con la figura del ex hombre fuerte. Aunque la Concertación haya consolidado el modelo de economía de mercado (con rostro humano) implantando en dictadura, para la izquierda Pinochet es recuerdo de dolor, autoritarismo e injusticias. Si la izquierda siente cariño por Fidel pese a su dictadura, a Pinochet se le tiene desprecio, pese a haberse apropiado de su modelo económico.

 

Pero así como la izquierda tiene derecho a lamentar la desaparición de Fidel, los familiares y adherentes de Pinochet tienen derecho a llorar la partida de su ex líder. En tanto todos concuerden en que las sombras de sus legados no deben volver a repetirse, lo demás debe ser aceptado como la compleja forma de enfrentar las difíciles historias personales. En la izquierda llorarán a Fidel sin necesariamente estar de acuerdo con su legado, en la derecha sentirán la partida de Pinochet sin compartir el dolor y sufrimiento que nos heredó la dictadura.

 

En la medida que el socialismo sea capaz de superar el legado autoritario de Fidel, abrazando sus ideales de justicia social, y en tanto pueda dejar atrás su comprensible resentimiento contra Pinochet, profundizando el modelo e introduciendo más justicia social y combatiendo la desigualdad, entonces los dolores y sufrimientos que causaron tanto Pinochet como Castro no habrán sido en vano. Es más, las positivas contribuciones de ambos líderes podrán incorporarse como parte de nuestra realidad. Porque necesita enfrentar el futuro sin cargar con lo bueno y lo malo de las experiencias de Castro y Pinochet, es importante que la izquierda esté preparada en su momento para enterrar—y dejar enterrar—a dos de los hombres que más marcaron los ideales de justicia social en Chile en los últimos 50 años. Es tiempo de que la izquierda asuma orgullosamente su pasado reciente de éxitos y buen en gobierno—y haga frente a los desafíos de más crecimiento y mayor justicia social—dejando atrás los dolorosos y polarizantes recuerdos de una época que tantos no vivimos pero que todos debemos evitar repetir.