Pionera, pero no visionaria

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 2, 2006

 

Al convertirse en la primera Presidenta de Chile, Michelle Bachelet ya pasó a la historia como pionera. Pero a menos que logre enmendar rumbos y redefinir sus prioridades respecto al crecimiento económico y la distribución de la riqueza, no pasará a la historia también como visionaria.

 

Durante su campaña, Bachelet enfatizó la necesidad de corregir la distribución de la riqueza en el país. Desde su preocupación por mejorar las pensiones de los chilenos hasta su intención de ampliar la cobertura de cuidado infantil preescolar, Bachelet dejó claro que lo suyo era forjar una mejor red de protección social. Su discursó caló hondo porque Chile atravesaba por un periodo de saludable crecimiento económico. Cuando se crea nueva riqueza, tiene sentido poner el énfasis en distribuirla mejor. Por eso, las prioridades de Bachelet parecieron razonables a electorado satisfecho con las tasas de crecimiento.

 

Pero hoy las cosas ahora han cambiado. La tasa de crecimiento económico que experimenta el país sólo puede ser calificada como mediocre. Si bien el gobierno debiera implementar medidas para mejorar la red de protección social y darle un componente más solidario a la sociedad, la primera prioridad debiera ser otra. Sólo con tasas de crecimiento saludable se puede distribuir mejor la riqueza. A menos que crezcamos con más vigor y energía, poco ayudarán los esfuerzos por distribuir mejor los ingresos y las oportunidades.

 

La experiencia nos demuestra que es más fácil distribuir mejor la nueva riqueza que reasignar aquella que ya está en manos de las personas. Porque es comprensible que nadie quiera perder sus derechos adquiridos, los gobiernos tienen mucho más éxito cuando introducen componentes de solidaridad y redistribución en un contexto de holgura económica. Resulta más fácil crecer con igualdad cuando la tasa de crecimiento nacional es de 7%. El 60% más pobre podrá crecer a 8% y el 40% de más arriba a 4,5% anual, mejorando así la distribución del ingreso y del patrimonio. Si el estado es capaz de distribuir mejor las oportunidades y de gastar más eficientemente los recursos, la nueva riqueza podrá ser usada para corregir aún más rápidamente las inequidades históricas. Pero ningún gobierno tendrá éxito en reducir satisfactoriamente la desigualdad si primero no se alcanzan tasas saludables de expansión económica.

 

Por eso, el nuevo énfasis en crecimiento anunciado por el ministro de Hacienda Andrés Velasco apunta en la dirección correcta. Para dejar en claro esta nueva prioridad del gobierno, Bachelet también debiera públicamente explicitar que su primer objetivo es alcanzar tasas de crecimiento lo suficientemente altas como para poder introducir reformas que consoliden nuestra red de protección social y la pongan a la par con la de los países más desarrollados. Sólo así Bachelet podrá dejar una huella indeleble en la historia de Chile que la destaque tanto como una mandataria pionera así como una presidenta innovadora.