Lagos y el síndrome Alessandri

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 23, 2006

 

El ex Presidente Ricardo Lagos se encuentra ante una difícil encrucijada. Si interviene en la crisis de la Concertación, arriesga perder mucho. Si no interviene, la crisis socavará aún más los cimientos de la coalición y de su propia base de apoyo para una futura aventura electoral. El síndrome Jorge Alessandri, el ex presidente que no militaba pero que fue llamado por la Derecha como candidato en 1970, pudiera terminar confundiendo a Lagos y llevarlo a atentar contra una de sus principales creencias.

 

Si los partidos políticos se debilitan y la Concertación recurre a Lagos como única vía para mantenerse en el poder, entonces esa candidatura presidencial será un vivo ejemplo de que las instituciones no funcionan.

 

Justificadamente, Lagos dejó el poder con altos niveles de aprobación. Chile era un país infinitamente mejor cuando Lagos dejó el poder. En buena medida, el triunfo de Michelle Bachelet se explica por el éxito de Lagos. Por eso, él posee un enorme capital político personal.

 

La crisis que afecta a la coalición de gobierno—y en particular al PPD, el partido que Lagos fundó—han llevado a muchos a esperar que el activo ex presidente se involucre en buscar una solución. La evidente falta de liderazgo de La Moneda contribuye a que muchos vean en Lagos al líder que puede poner orden en la Concertación. Pero Lagos sabe que entrar a lidiar en las disputas internas de partidos y en la guerra fría entre socios de coalición implica demasiados costos. Cuando ocupó La Moneda,  evitó involucrarse en los conflictos internos de los partidos. Pero si ocupó su liderazgo para transformar un escándalo de corrupción en oportunidad para modernizar el estado y hacer avanzar el país.

 

Fuera de La Moneda, su desafío es más complejo. Si bien posee la autoridad moral, no tiene las herramientas para inducir a la Concertación al orden. Además, Lagos sabe que la Concertación no está en peligro de extinción. Mientras siga en el poder, ninguno de los partidos de la Concertación tendrá incentivos para salirse del gobierno. Si el socialismo no renunció a puestos en el estado y a los recursos del poder cuando Frei Ruiz-Tagle decidió buscar la liberación de Pinochet en Londres, ni la DC ni el PPD se van a retirar por una disputa sobre el aborto o por un escándalo de corrupción que arrastre a algunos militantes.

 

Por eso, Lagos sólo ocasionalmente recordará lo importante que es mantener la unidad de la Concertación. Su principal tarea será convertirse en el líder al que todos los partidos de centroizquierda recurran para las presidenciales de 2009. Igual que cuando la Derecha buscó a Jorge Alessandri para la elección de 1970, Lagos esperará que la Concertación agotada, confundida, a la deriva, sin liderazgo y sin rumbo, vaya a golpear su puerta en 2009 esperanzada en que con Lagos de candidato, podrá mantenerse 4 años más en el poder. Entonces, Lagos tendrá que reconocer que las instituciones no habrán funcionado tan bien y se apoyará en su liderazgo personalista para intentar darle más vida a esta Concertación que últimamente parece tener más hambre de poder que ideas de gobierno.