Superintendencia de partidos políticos

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 4, 2006

 

Sin partidos políticos la democracia no existe. Es más, cuando los partidos políticos funcionan mal la democracia también funciona mal. A menos que implementemos reformas para hacer más transparentes a los partidos políticos—especialmente en el financiamiento de las campañas—los escándalos de corrupción se convertirán en la norma de nuestra democracia.

 

Los partidos políticos son a la democracia lo que los hospitales a la sociedad. Los políticos son el equivalente a los médicos. Uno no quisiera tener que interactuar con ellos todo el tiempo. Pero cuando nos toca visitar a un médico, queremos que sean los mejores. Una sociedad con hospitales deficientes y malos médicos está destinada al fracaso. Lo mismo ocurre en países donde los políticos tienen mala reputación y los partidos políticos son insuficientemente transparentes. Cuando los partidos políticos no están funcionando bien y los políticos hacen más noticia por los escándalos que por sus contribuciones, el país sale perjudicado.

 

En la política, la oportunidad hace al ladrón. No debiéramos sorprendernos por los nuevos escándalos destapados en los últimos días. La legislación que regula el actuar de los partidos políticos y el financiamiento de las campañas es deficiente. Los bancos rinden cuenta a la Superintendencia de Bancos, las AFP tienen su propia superintendencia e incluso las Isapres rinden cuenta ante la superintendencia respectiva. Pero no existe una superintendencia de partidos políticos. El Servicio Electoral tiene limitadas atribuciones—y muy pocos recursos—para supervisarlos. La mayoría de los partidos políticos tienen mecanismos poco transparentes para escoger sus directivas y candidatos. La legislación sobre el financiamiento de las campañas privilegia el secretismo sobre la transparencia y no establece mecanismos adecuados de fiscalización. Como resultado, desde el hoyo negro que rodea buena parte del financiamiento de la política regularmente emanan escándalos de corrupción. Es cierto que la reforma negociada entre la Concertación y la Alianza en 2003 introdujo algo de transparencia al sistema. El financiamiento público parcial a las campañas y un tímido mecanismo para inducir a una mayor transparencia en el financiamiento privado constituyó un paso—insuficiente—en la dirección correcta. Pero los escándalos de Chiledeportes y Publicam han dejado en claro que se debe hacer mucho más.

 

Una de las principales razones del éxito de Chile desde 1990 ha sido la calidad de la clase política. A menos que tomemos las medidas necesarias para regular y transparentar adecuadamente la actividad política—especialmente el financiamiento de las campañas y los filtros de selección de líderes y operadores en los partidos—todo el país terminará pagando las consecuencias de tener un gobierno sin una clase política proba. Porque el país necesita buenos hospitales y excelentes médicos, es urgente crear una Superintendencia de Partidos Políticos con adecuadas atribuciones y suficiente financiamiento.