La reinvención de Daniel Ortega

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 4, 2006

 

El ex presidente nicaragüense ansía volver al poder 16 años después del fin de la revolución sandinista. Emulando a otros ex mandatarios que lograron tal hazaña, Ortega dice haber aprendido de sus errores y promete un segundo periodo superior al primero. Pero a diferencia, por ejemplo, de Alan García en el Perú, Ortega no hizo su propia travesía por el desierto. En estos dieciséis años, el ex revolucionario ha estado activo en la política nacional. En vez de retirarse a aprender lecciones y explorar nuevas ideas, Ortega ha hecho una carrera que demuestra inequívocamente que es un hábil pero reprensible político. De hecho, Ortega ha sido uno de los principales arquitectos de la democracia fallida de Nicaragua.

 

Como uno de los líderes de la Revolución Sandinista de 1979, Daniel Ortega gobernó hasta perder las elecciones de 1990. Habiendo tomado partido del lado de Fidel Castro, su socio ideológico en los años de la Guerra Fría, Ortega resistió durante una década la poderosa embestida estadounidense para sacarlo del poder. La guerra civil de los 80 destruyó la insuficiente infraestructura que existía en este empobrecido país. Si bien los gobiernos anteriores estuvieron siempre marcados por la injerencia excesiva de Estados Unidos, la corrupción y los abusos, el periodo sandinista sumó además una sangrienta guerra civil. Al finalizar la Guerra Fría, Nicaragua pudo celebrar sus primeras elecciones competidas y limpias en su historia. Ortega cayó derrotado ante Violeta Chamorro, la viuda de un influyente miembro de la clase dirigente. Pero el ex presidente se mantuvo a la cabeza de su partido FSLN, logró que su hermano Humberto se quedara al mando de las Fuerzas Armadas y aprovechó que su propia constitución le permitía mantenerse en el congreso en calidad de candidato presidencial derrotado.

 

Ortega volvió a ser derrotado en las presidenciales de 1996 y 2001. El liberal Arnoldo Alemán, electo en 1996, lideró un gobierno ampliamente sindicado como corrupto e ineficiente. El también liberal Enrique Bolaños, electo el 2001, no ha logrado gobernar con efectividad. Una singular alianza entre Alemán—que hoy cumple una sentencia de 20 años de arresto domiciliario por corrupción—y su otrora enemigo Ortega han bloqueado exitosamente los intentos reformadores de Bolaños. El segundo país más pobre del hemisferio tiene un gobierno atado de manos.

 

Este fin de semana, Ortega busca por cuarta vez ganar la presidencia democráticamente. (Por cierto, su principal rival, Eduardo Montealegre, un antiguo aliado del corrupto Alemán, también ha sido acusado de corrupción). Aunque las poco confiables encuestas señalan que una victoria suya en primera vuelta es improbable, un triunfo de Ortega difícilmente puede ser recibido como una buena noticia para el futuro de la débil y deslegitimada democracia nicaragüense. Aunque pudo haberlo hecho, Ortega no realizó esa necesaria travesía por el desierto para aprender errores y renovarse ideológicamente.