Democracia fallida

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 3, 2006

 

Las elecciones presidenciales y parlamentarias a celebrarse el domingo 5 de noviembre en Nicaragua subrayan lo difícil que resulta consolidar la democracia. Si bien muchos celebraron hace 16 años la primera elección verdaderamente democrática y competitiva en ese país, el historial de conflictos y corrupción que ha vivido Nicaragua en este periodo llevan a pensar que la democracia en aquel empobrecido país ha sido un experimento fallido. En un país que no ha podido recuperarse de la violenta y divisoria guerra civil de la década de los 80, las elecciones del 5 de noviembre bien pudieran ser una última oportunidad para que la elite política nicaragüense logre ganarse la confianza de una opinión pública desencantada y decepcionada.

 

Nicaragua hizo noticia en el mundo cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derrocó a la dictadura anticomunista de Anastasio Somoza en 1979. Prometiendo una profunda reforma democrática y determinados a combatir la corrupción y el nepotismo que caracterizó la dictadura de la familia Somoza (1936-1979), los sandinistas, liderados por el entonces joven y carismático Daniel Ortega implementaron políticas estatistas y desarrollaron estrechas relaciones con la dictadura comunista de Fidel Castro en Cuba. Inmediatamente, el conflicto de la guerra fría—entre el capitalismo estadounidense y el comunismo soviético—alcanzó a Nicaragua. Diez años de guerra civil empobrecieron aún más a esa subdesarrollada nación. El costo en vidas humanas y en destrucción de la insuficiente infraestructura fue gigantesco. Presionado por Estados Unidos—que además financiaba una guerrilla contra-revolucionaria en el país—el gobierno sandinista aceptó celebrar elecciones en 1990.