9 mil kilos de errores

Patricio Navia

La Tercera, octubre 27, 2006

 

Su actitud demostró desatino político y falta de sentido común en tantos niveles diferentes. Por ello, el Ministro de Relaciones Exteriores quedará en una situación muy incómoda si, como todo indica, resulta falsa la investigación de los lingotes de oro de Pinochet.  

 

La información hasta ahora disponible apunta a que tal oro no existe. Peor aún, los datos públicamente disponibles hacen difícil entender por qué Alejandro Foxley se animó a decir que la información que le había llegado merecía “ser tomada en cuenta, en serio, en los tribunales.”

 

Además, recién se había destapado un notorio caso de corrupción en Chiledeportes. Las revelaciones sobre el supuesto oro de Pinochet parecía caer como anillo al dedo al gobierno: los escándalos más grandes hacen olvidar los alborotos menores. Por eso, más que salir a dar piso a los rumores, el gobierno—representado por el jefe de su diplomacia—debió haber guardado prudente silencio. Uno no tiene por qué anunciar cada vez que facilita información a la justicia. Menos aún hay que emitir juicios de valor sobre la veracidad de los antecedentes entregados. Hubiera bastado un comunicado confirmando la información. Si tantas ganas había de emitir opinión, debió señalarse que, dado el monto, la historia parecía inverosímil. Si los lingotes de oro hubieran aparecido, nadie habría acusado al gobierno de ingenuidad. Es más, hasta sus más acérrimos adversarios se hubieran sorprendido de descubrir a un Pinochet bucanero. Pero porque con sus dichos y actitud salió a validar los rumores, el gobierno—y aquí no sirve que La Moneda busque distanciarse—se hizo parte de lo que parece estar convirtiéndose en una patética chambonada.

 

Irónicamente, el justamente vapuleado ex dictador está quedando bien parado. Al final del día quedará parcialmente exculpado. En comparación, las acusaciones sobre corrupción hasta ahora conocidas son nimiedades. Nueve mil kilos de oro hubieran sido evidencia incontrarrestable de corrupción.

 

La Moneda ha buscado alejarse del escándalo guardando silencio. Pero Foxley es un hombre de confianza de Bachelet, por lo que el gobierno se sintió en la obligación de salir a corregir los dichos del Canciller. Lo hizo en forma inusitada, por medio de una conferencia de prensa del subsecretario (s) Carlos Portales.

 

Todo el mundo tiene derecho a cometer errores, pero el gobierno no tiene por qué compartir el innecesario y bochornoso costo político de un error producido por la falta de sentido común del Ministro de Relaciones Exteriores.