Los costos de un problema inventado

Patricio Navia

La Tercera, Octubre 14, 2006

 

Sea cual sea el voto de Chile para el Consejo de Seguridad, los costos políticos para la Presidenta Bachelet serán innecesariamente altos. Por dejarse arrastrar a esta difícil encrucijada, Bachelet tendrá que asumir su responsabilidad.  Los mandatarios no pueden perder el control de la agenda. Ya que dejó que otros tomaran la batuta, Bachelet terminó atrapada entre la espada y la pared. El pueblo a veces perdona los errores, pero nunca perdona que los presidentes no tomen decisiones. El principal error de Bachelet fue demorar demasiado en indicar hacia donde se inclinaba su administración.

 

La historia de este innecesario problema se inicia por las dudas que, desde la campaña, existieron sobre el compromiso ideológico de Bachelet. Por eso, la incorporación de acérrimos defensores de las políticas concertacionistas (Andrés Velasco y Expansiva) balanceó la excesiva representación de los comprometidos con la “corrección del modelo.” Sin embargo, Bachelet nunca llegó a identificar el legado de políticas económicas de la Concertación como propio. Incluso hoy, insiste en atribuir la “matriz neoliberal” a la dictadura, desconociendo que la Concertación consolidó el modelo. Parece difícil para Bachelet aceptar que dirige un gobierno de libre mercado (“economía social de mercado”).  Pero ya que el gobierno ha mantenido firme el timón en el sendero de la disciplina fiscal—tal vez con excesivo celo—todos tienden a prestar poca atención a estas ocasionales confesiones ideológicas.

 

No obstante, en el contexto internacional, donde es indiscutiblemente popular, la mandataria ha dejado florecer espontáneamente sus tendencias más contestatarias. Su inoportuna cercanía con Hugo Chávez en la cumbre Unión Europea/Latinoamérica de mayo fue una mala señal. Habiendo podido hacer migas con cualquier mandatario, se dejó llevar por el peligroso encanto de Chávez. La conocida historia que siguió era predecible, pero no inevitable.

 

Las voces que en Chile se oponen al chavismo aprovecharon la oportunidad de mostrar sus diferencias. A su vez, aquellos que han esperado 17 años por reivindicaciones más verbalmente agresivas también se subieron al carro de la polémica. Porque había buenos argumentos para apoyar y no apoyar a Venezuela, era comprensible que el gobierno tuviera dudas. Pero en un gobierno que decía privilegiar la participación ciudadana, el silencio de Bachelet le echó más leña al fuego. Todos entienden los costos y beneficios de ambas opciones. Es más, la mayoría de los chilenos ya tiene una posición formada. Salvo Bachelet. Por su renuencia a tomar el toro por las astas, decida lo que decida, los costos para Bachelet serán altos.

 

Pero si Bachelet aprende la lección y asume el liderazgo, señalando siempre con meridiana claridad la dirección de su gobierno, este incidente no volverá a ocurrir. En cambio, si insiste en improvisar discursos contra el modelo neoliberal—mientras sus ministros profundizan y perfeccionan el modelo—este affaire será sólo el primero de muchos momentos de falta de liderazgo en su cuatrienio.