Las candidaturas presidenciales

Patricio Navia

La Tercera, octubre 9, 2006

 

En tanto las dos grandes coaliciones no adopten mecanismos claros y transparentes para seleccionar a sus candidatos presidenciales, tendremos campañas permanentes en la política chilena. Independientemente de cuántos años falten para la próxima elección, los aspirantes a candidatos siempre estarán en carrera.

 

Porque la culpa no es del chancho sino de quien la da el afrecho resulta injusto criticar a los aspirantes por buscar aparecer en las próximas encuestas. Ninguna de las dos grandes coaliciones tiene mecanismos transparentes para la selección de su candidato presidencial. La Alianza nunca ha realizado primarias, prefiriendo las imposiciones autoritarias que reflejan la principal debilidad de esa coalición. Porque en la Derecha la disputa ha sido sobre como RN y la UDI tratan de debilitarse mutuamente, la Alianza lleva 4 elecciones consecutivas mordiendo el polvo de la derrota. Por eso, para evitar caer víctimas de las negociaciones entre los barones de RN y la UDI, los aspirantes derechistas desde ya buscan imponerse desde la popularidad de las encuestas.

 

Por su parte, si bien realizó primarias semi-abiertas en 1993 y abiertas en 1999, la Concertación abandonó las primarias en 2005. En cambio, simplemente optó por ratificar como candidata a quien entonces lideraba en las encuestas. Para el 2009, los partidos de la Concertación ya hablan del mejor derecho aunque también aceptan que las encuestas pesarán mucho. Nadie quiere hablar de adoptar mecanismos transparentes que desde ya fijen reglas del juego claras y parejas para escoger al abanderado presidencial. Por eso, mientras más puedan figurar pronto, más posibilidades tienen de quedar en las listas futuras de los más probables candidatos.

 

Por cierto, este no es un fenómeno nuevo. El propio ex Presidente Lagos, que ahora ha criticado el anticipado inicio de la carrera presidencial, fue el primero en lanzarse tempranamente a la piscina de los presidenciables. Incluso antes de la elección parlamentaria de 1989, el líder del PS-PPD se perfilaba como aspirante para 1993. Poco después de ser derrotado por Frei Ruiz-Tagle en las primarias de 1993, Lagos ya era proclamado como aspirante presidencial para 1999.

 

Si realmente está interesado en poner freno a un tempranero inicio de la campaña presidencial, la mejor estrategia para el gobierno sería promover una reforma constitucional que establezca primarias obligatorias para todas las coaliciones que quieran financiamiento estatal para las campañas presidenciales. Esta razonable iniciativa pondrá inmediato freno a los aspirantes que se ven obligados a lanzarse tempranamente al agua. Mejor aún, introduciría elementos de transparencia, mejor rendición de cuentas y reglas del juego clara y parejas para todos los que legítimamente aspiran suceder a Bachelet.