Los ojos en Chile

Patricio Navia

La Tercera, octubre 6, 2006

 

Porque la segunda vuelta en Brasil lo obliga a concentrarse en la política nacional, el Presidente Lula no se podrá convertirse en articulador de una candidatura de consenso alternativa. A menos que esté dispuesta a asumir ese desafío, Bachelet terminará pagando altos costos en su reputación internacional cuando Chile emita su voto para el próximo miembro del Consejo de Seguridad de la ONU.

 

En sólo días se debe votar por el próximo representante de las Américas en el Consejo de Seguridad de la ONU. Las candidaturas de Guatemala (apoyada por Estados Unidos) y de Venezuela (apoyada por una mayoría de los países de América latina) han polarizado una elección que normalmente habría sido considerada irrelevante. Ya que se precisa obtener dos tercios de votos entre los países miembros, bien pudiera ser que ambos países fallen en su intento. De ahí especulaciones sobre posibles candidaturas alternativas. Por cierto, ya hay negociaciones de pasillos para levantar dichas candidaturas. Incluso Chile ha sido mencionado como posible candidato de consenso.

 

Pero para lograr levantar una candidatura alternativa se requiere de un líder capaz de articular un consenso regional. Por su tamaño e importancia, Brasil era el candidato natural para hacerlo. Pero ahora que se ha visto obligado a ir a una segunda vuelta, resulta improbable que Lula dirija personalmente una campaña para levantar una candidatura de consenso. Porque va de salida y porque protagonizó una fuerte disputa con Chávez, el Presidente mexicano Vicente Fox tampoco puede alzarse como líder regional. Con Fidel Castro fuera de las pistas, y con Colombia y Perú demasiado complicados (por ser vecinos de Venezuela) para alzarse como articuladores de consenso, los ojos de todos se ponen en Chile. Nuestro país está mejor posicionado para articular una candidatura de consenso (incluso se podría decir que es el único que podría hacerlo.)

 

Pero el gobierno de Chile no parece interesado en asumir ese desafío. Bachelet ni siquiera ha anunciado cómo votará. Para una Presidenta que predica la transparencia y el gobierno ciudadano, el silencio sobre cómo se inclinará en esta votación resulta cuando menos contradictorio con su “palabra de mujer: diré lo que pienso y haré lo que digo.” El gobierno alega que Bachelet todavía no toma una decisión. De ser cierto, la señal es todavía más preocupante. ¿No tiene ya acaso la mandataria suficiente información? El liderazgo implica tomar decisiones difíciles en momentos apropiados. Su indefinición respecto a cómo votar en la ONU alimenta razonables cuestionamientos sobre el liderazgo de Bachelet. 

 

Algunos han sugerido que Chile debiera abstenerse. Pero ya que (en caso de que no surja una alternativa), igual uno de los dos va a quedarse con el escaño, la abstención parece una salida cobarde. Si nuestro país no cree que Venezuela o Guatemala sean buenos candidatos para la ONU, la obligación moral del gobierno no es abstenerse. Hay que liderar la búsqueda de un candidato de consenso que si represente adecuadamente los compromisos democráticos, pluralistas y de respeto mutuo que caracterizan a nuestro país. Ahora que la segunda vuelta ha imposibilitado a Lula para asumir el liderazgo que naturalmente recae en Brasil, el gobierno de Bachelet tiene una oportunidad inmejorable para demostrar que lo suyo es el liderazgo innovador y valiente y no la vacilante y temblorosa abstención.