Orden y patria

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 27, 2006

 

Porque la democracia sólo puede florecer y consolidarse cuando existe orden, las recientes señales que ha enviado la Presidenta Bachelet a Carabineros evidencia la saludable maduración de su administración. Si logra conciliar la imprescindible preocupación por el orden público y la seguridad con su loable interés en lograr más participación ciudadana, el suyo será un gobierno exitoso.

 

Al iniciar su mandato, Bachelet insistió desmedidamente en su preocupación por introducir más participación a la democracia chilena. Incomprendiendo que la democracia participativa es profundamente desigual—y que los poderosos participan más que los débiles—Bachelet promovió políticas contraproducentes con los ideales socialistas de más igualdad y más libertad. En ese contexto, la admonición pública a Carabineros en ocasión de las idealizadas protestas estudiantiles de mayo constituyó—junto al decálogo leído a sus ministros—uno de los peores momentos de sus convulsionados primeros 100 días. Porque pareció tomar partido con los estudiantes que protestaban y no entendió que la obligación de Carabineros es resguardar el orden público, la propiedad privada y los derechos de todos los chilenos (y no solo de los que protestan), Bachelet deslegitimó el accionar de Carabineros al realizar una reprimenda pública.

 

Es cierto que en Chile persisten muchas prácticas represivas heredadas de la dictadura que no tienen cabida en democracia. Los carros lanza aguas (guanacos) debieran ser el último, no el primer, recurso para controlar manifestaciones. Mucho más que gases lacrimógenos, Carabineros debería tener rejas de contención y cordeles que delimiten los espacios por donde avancen las marchas. Hay que presumir la buena voluntad de los marchantes. Pero también hay que tener mano firme para los que demuestren que lo suyo es atentar contra la propiedad pública y privada.

 

En vez de regañar públicamente, Bachelet debería avanzar en la dirección de promover mejores prácticas en Carabineros, mejorando las herramientas de prevención y represión selectiva. Mientras menos antisociales haya en las marchas, más libres se sentirán los chilenos para hacer pública sus demandas y visiones. Mientras más represión selectiva a los antisociales, más legítima participación ciudadana en las calles.

 

La señal pública de apoyo a Carabineros es un paso en la dirección correcta. El desafío de la Presidenta ahora es adoptar medidas que permitan combinar el derecho de la gente a salir a las calles con el respeto a la propiedad pública y privada y con la valoración del orden democrático. Porque su objetivo es promover un gobierno cercano a las personas, Bachelet debe buscar un adecuado balance entre la necesaria represión y el derecho inherente de los ciudadanos de marchar frente al palacio presidencial en un país democrático.