Olor a azufre

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 23, 2006

 

Después de su patético espectáculo en las Naciones Unidas, el Presidente venezolano zanjó el debate sobre cómo debe votar Chile al escoger al próximo representante de las Américas en el Consejo de Seguridad. Porque somos respetuosos de los principios del derecho internacional y porque creemos que los foros internacionales deben ser usados para solucionar y no para crear problemas, el voto del gobierno de Bachelet no puede ser para Hugo Chávez.

 

El locuaz presidente venezolano utilizó la tribuna de la ONU para desafiar y burlarse del poder hegemónico que ha demostrado Estados Unidos bajo la administración Bush. Algunos han celebrado la osadía de denunciar al gobierno estadounidense que, cuando decidió unilateralmente invadir Irak, demostró poco respeto por la ONU. Pero si bien las palabras incendiarias provocan titulares en todo el mundo, la forma correcta de fortalecer el estado de derecho internacional es legitimando sus instituciones. El ejemplar comportamiento del gobierno de Lagos, que defendió la legalidad internacional cuando Chile estuvo en el Consejo de Seguridad es el camino a seguir. Después que Chile valientemente demostró la forma correcta de construir gobernabilidad global, nuestro país no puede hoy apoyar la irresponsable estrategia del populista líder venezolano.

 

Muchos de los que inicialmente se inclinaban a apoyar a Chávez señalaban correctamente que nuestro país debería privilegiar nuestros propios intereses estratégicos. Pero aunque haya beneficios evidentes para nuestros intereses regionales si apoyamos a Chávez, los crecientes costos en nuestra relación con otros países y el alto precio que pagaremos en nuestra reputación como nación seria hacen poco conveniente apoyarlo. Otros argumentan que se vota por países, no por líderes. Pero el escaño en el Consejo de Seguridad servirá más a Chávez que al pueblo venezolano. Chávez se encargó de hacer imposible que Bachelet le de su voto.

 

Los detractores de Chávez en Chile congregan desde aquellos que equivocadamente quieren negar nuestra realidad como nación latinoamericana hasta los que equivocadamente se apuraron en validar el fallido golpe militar en su contra el 2002. La Presidenta Bachelet no tiene para qué asociarse con esos grupos. Su postura pragmática y profundamente comprometida con la democracia la faculta con suficiente legitimidad para decidir autónomamente su voto. Si bien  ha demostrado simpatía personal por Chávez y parece incómoda ante la agresiva hegemonía de Washington, Bachelet también ha demostrado loable firmeza y autoridad al adoptar las medidas que considera pertinentes.

 

Aunque su demora en tomar una decisión alimentó las dudas sobre su aparente indecisión respecto a cómo votar, los sucesos de los últimos días han despejado las dudas. Porque Chile quiere legitimar el derecho internacional y queremos dotar a la ONU de más legitimidad, nuestro voto a mediados de octubre no puede ser para Chávez.