Una píldora para el Te Deum

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 16, 2006

 

Para evitar llegar al Te Deum vulnerable por la polémica de la píldora del día después, la Presidenta Bachelet debió haber ya iniciado una contraofensiva de promoción de la educación sexual.

 

La valiente decisión del gobierno de repartir gratuitamente en consultorios públicos la píldora del día después a adolescentes sin mediar el consentimiento de los padres constituyó un acierto. Si bien la decisión también provocó polémica, la oposición a la iniciativa se dividió. Mientras algunos alegaban contra las relaciones sexuales fuera del matrimonio, otros pedían que primero se fortalecieran los programas de educación sexual. Al plantear argumentos de salud pública, Bachelet demostró pragmatismo, compromiso con la igualdad de oportunidades y llevó el debate a un campo que ella conoce bien.

 

Pero la sorpresiva—¿improvisada?—decisión también tuvo costos para el gobierno. El rechazo de la directiva del PDC acrecentó las ya preocupantes tensiones con La Moneda. En inusualmente visceral reacción, la Iglesia Católica acusó al gobierno de autoritario. Peor aún, la Corte de Apelaciones suspendió temporalmente la ejecución de esta nueva política. De hecho, la opinión pública parece estar a favor de más educación sexual pero parece menos dispuesta a hacer la píldora demasiado accesible.

 

Así y todo, Bachelet logró cambiar los términos del debate. Si antes la discusión era sobre si tener o no educación sexual, ahora se discute si el fácil acceso universal a la píldora (que hace rato ya es realidad en los sectores de más ingresos) reemplazará la necesidad de más educación sexual. Porque los más conservadores ahora aceptan que se necesita más educación sexual, Bachelet ya ganó un importante debate. Pero además de insistir en lograr igualdad en el acceso a la píldora, el gobierno debiera aprovechar de avanzar decididamente en la educación sexual. Ya que en este momento nadie podría oponerse a una política más agresiva de educación sexual, donde la prevención (los condones) remplace a la corrección (la píldora), el gobierno debiera aprovechar esta inusual ventana de oportunidad que le está brindando, por error estratégico, la oposición conservadora.

 

Precisamente porque los sectores más conservadores, liderados por la iglesia católica, tienen en el Te Deum una inmejorable tribuna para enviar su mensaje, Bachelet debió anticipar la ineludible (aunque tal vez soterrada) crítica que realizará el Cardenal Errázuriz a la distribución gratuita de la píldora. De haber convocado a sectores que se oponen a la distribución de la píldora a una campaña para mejorar la calidad y cantidad de educación sexual que se entrega en el país, Bachelet habría dado un golpe preventivo que hubiera terminado aislando, en forma definitiva, a aquellos sectores conservadores que hoy se oponen a la píldora pero que históricamente también se han opuesto a  programas de educación sexual más valientes, más honestos y más completos.