Alianza de blandos o duros

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 9, 2006

 

Porque tendrá una inmejorable oportunidad para ganar en 2009, la Alianza debiera ser liderada por los blandos moderados y centristas y no por los duros derechistas. 

 

En 1999 por primera vez la Concertación fue vulnerable. Pero en vez de avanzar propuestas serias de gobernabilidad, la UDI protegió a Lavín para que no se involucrara en cuestiones políticas. Pero ya que el Presidente es el principal político del país, el 2005 los chilenos no creyeron que Lavín se la pudiera como primer mandatario.  La exitosa irrupción de Piñera hizo pensar que la clave era tener un candidato moderado que mermara la férrea votación concertacionista. Pero si bien Piñera logró sumar votos masculinos que antes fueron a la Concertación, Bachelet ganó porque logró mejorar la votación de la Concertación en mujeres.

 

Hoy en la Alianza no hay acuerdo sobre cuál es la mejor estrategia para ganar el 2009. Algunos insisten en hacer una oposición militante. Argumentando que deben mostrar sus diferencias con la Concertación, los ‘duros’ repiten los errores históricos de la derecha. Además de ser demasiado elitistas, privilegian posturas demasiado conservadoras en lo moral, no se alejan del legado autoritario de Pinochet y desprecian los esfuerzos por captar apoyo en los sectores populares. Así, pavimentan el camino para una quinta victoria concertacionista y se especializan en ser oposición. 

 

Siguiendo el ejemplo de partidos que después de muchos años fuera del poder lograron ganar elecciones (como los demócratas con Bill Clinton o los Laboristas con Tony Blair), los blandos saben que necesitan votos moderados para llegar a La Moneda. Entre los ‘blandos’ se cuentan Piñera, Lavín y también los senadores Longueira y Allamand. Ellos entienden que para ganar se necesita una mayoría de los votos. Con posturas a favor de ‘perfeccionar’ el sistema electoral, elegir directamente a los Intendentes, inscripción automática y derecho a voto a los chilenos en el exterior, los ‘blandos’ buscan la confianza de los moderados, de los nuevos votantes y de un creciente número de chilenos que ya empieza a cansarse con el largo gobierno concertacionista.

 

Si bien la estrategia de los blandos es promisoria, su efectividad es limitada por la fuerza que los duros todavía ejercen en los aparatos partidistas. Peor aún, los conflictos que continuamente producen las iniciativas de los blandos y las críticas de los duros contra el gobierno envían una señal de desorden al electorado. Por eso, la Alianza deberá prontamente dirimir cuál de los dos grupos manda. Si ganan los duros, entonces sólo un escándalo mayor de corrupción o un gobierno desastroso de Bachelet permitirá a la Alianza llegar al poder. Si ganan los blandos, habrá una competencia muy reñida el 2009. Pero si ambos grupos siguen enfrentados, entonces la coalición de gobierno seguirá con su mensaje de “nosotros o el caos” y resultará más difícil separar a la Concertación del estado en el siglo XXI de lo que fue lograr la separación de la iglesia y el estado en el siglo XIX.