Una carrera inoportuna

Patricio Navia

La Tercera, agosto 13, 2006

 

El inoportuno inicio de la carrera presidencial de 2009 en la Concertación es responsabilidad tanto de Bachelet como de la incapacidad de la Alianza por posicionar liderazgos atractivos que amenacen la hegemonía política de la coalición de gobierno.

 

Ya que no quería liderazgos individuales que opacaran su imagen, Bachelet se preocupó de dejar fuera del gabinete a los potenciales presidenciable. Adicionalmente, la mujer que llegó al poder por ser capaz de personificar el perdón y la reconciliación demostró ser mucho menos diestra para dejar atrás ofensas personales. Bachelet vetó del gabinete a notables concertacionistas que, por sus propias aspiraciones presidenciales, se habrían esmerado mucho más que varios ministros actuales en anotarse triunfos y no cometer errores.

 

Pero la Alianza también ha contribuido con sus propios desaciertos a acelerar la carrera presidencial concertacionista. Pese a estar en camino a cumplir veinte años fuera de La Moneda, los partidos de derecha siguen más ocupados de destruirse mutuamente que en construir una alternativa de gobierno. En la última encuesta de La Tercera, Sebastián Piñera es el único líder de la Alianza entre los diez personajes mejor evaluados. Peor aún, de los 10 personajes peor evaluados por la opinión pública, 8 son de la Alianza. Aunque falta mucho para la próxima elección, la Derecha parece estar cometiendo el mismo error que hace seis años: poner todos los huevos en una sola canasta. Igual que hace seis años, algunos lo hacen a regañadientes. Si a comienzos del 2000 un sector de RN no terminaba de aceptar a Lavín como su candidato único, hoy no faltan las voces en la UDI que preferirían no tener de abanderado a Piñera. La repetición de esa tragedia griega que recién llevó a la Alianza a su cuarta derrota presidencial consecutiva ahora parece querer repetirse como una patética farsa y como un monumento a la ineptitud política.

 

Pero para poder llegar al poder, la derecha necesita reemplazar los agotados líderes que cargan con la pesada mochila de la herencia dictatorial con caras nuevas que ejemplifiquen el nuevo Chile. Hay un electorado preparado para poner fin a la era concertacionista.

 

En un país con una derecha que hace tiempo perdió la brújula y un ejecutivo que no quiere entender que la única forma de ejercer efectivamente el poder es entiendo que los políticos deben tener aspiraciones personales y que los partidos deben buscar ganar elecciones, el vacío de poder es evidente. Las calculadas apariciones del ex presidente Lagos para apoyar a Bachelet terminaron por oficializar la hasta entonces soterrada carrera presidencial. Pero no hay que engañarse, la contienda en la Concertación se inició el mismo día que la Presidenta, evidenciado una falta de tino y un analfabetismo político imperdonable, leyó un polémico decálogo a sus ministros criticando las agendas personales. La propia Bachelet, al evidenciar su incomprensión sobre cómo ejercer el poder, inició inoportunamente la carrera presidencial.

 

La encuesta de La Tercera nos muestra al menos 6 concertacionistas con razones de sobra para sentir apetito por La Moneda. Mientras Bachelet no asuma que su obligación en este régimen presidencialista es ejercer la autoridad investida en ella al momento de recibir la banda presidencial, la disputa por la nominación presidencial concertacionista seguirá desatada. Si en cambio asume la autoridad que le brinda su cargo y aprovecha el enorme poder que tiene todo presidente para disciplinar a sus aliados, Bachelet—con la irresponsable complicidad de la Alianza—ayudará a que la Concertación mantenga la mejor opción para seguir en el control de La Moneda más allá de marzo del 2010.