Inoportuna carrera presidencial

Patricio Navia

La Tercera, Julio 30, 2006

 

Si bien nadie se beneficia con el temprano inicio de la próxima carrera presidencial, sólo Bachelet puede aplicarle un freno efectivo. Porque es la que más se beneficia de la extensión de la vida útil del gobierno, Bachelet debe adoptar estrategias para que las posibilidades de triunfo de los presidenciables de la Concertación dependan de su éxito personal.

 

Si bien los presidenciables siempre han abundando en la Concertación—y escaseado en la derecha—el acortamiento del periodo presidencial y las inoportunas declaraciones de Bachelet sobre lo corto que será su gobierno han alimentado rumores sobre la contienda de 2009. La enorme popularidad del ex Presidente Lagos y los inevitables errores que comete cualquier nuevo gobierno han ayudado a las especulaciones. Además, ya que la Alianza está dando un patético espectáculo de desorientación, conflictos internos y de falta de propuestas, algunos presidenciables de la Concertación parecen estar entrando tempranamente a unas aguas donde la larga espera podría terminar ahogándolos.

 

Naturalmente, todo presidente quiere evitar que su periodo se acabe antes de tiempo. Ricardo Lagos luchó encarnizadamente contra el síndrome del pato cojo. Porque tampoco quiere que su influencia disminuya, Bachelet se equivocó al sugerir que las presiones electorales harán que sus últimos dos años sean menos fructíferos. La mandataria no tiene ningún interés en que ya aparezcan aspirantes que expresen, tácita o formalmente, su intención de sucederla. Mientras más competencia tenga por el liderazgo, más difícil será alienar a los partidos de la Concertación y convertir sus iniciativas en leyes.

 

Pero en la medida que el gobierno sea percibido como débil y en tanto el ejecutivo sea incapaz de poner los temas en la agenda, los incentivos de los presidenciables concertacionistas serán doblemente dañinos para Bachelet. Por un lado, los aspirantes querrán poner sus propios temas en la agenda, diferenciándose del gobierno. Por otro, querrán fortalecer al gobierno, adoptando estrategias de blindaje que sólo subrayarán la percepción sobre la debilidad de la presidenta. Así, mientras parlamentarios de la Concertación promuevan sus propios temas en la agenda—o introduzcan aristas propias a los temas del gobierno—otros presidenciables oficialistas buscarán mantenerse vigentes defendiendo públicamente al gobierno (alimentando así cuestionamientos sobre las carencias del gobierno de Bachelet). Aunque estén interesados en el éxito del actual gobierno, el temprano inicio de sus campañas los llevará a debilitarlo. Así, las opciones presidenciales de todos ellos se dañarán a la par con el debilitamiento de la Concertación.

 

A menos que Bachelet incorpore las legítimas aspiraciones presidenciales de miembros de su coalición a su diseño de gobierno y a sus iniciativas de los próximos meses, esta inoportuna y tempranera carrera le hará más daño a la Concertación que cualquier cosa que pueda hacer la debilitada Alianza hoy.