Superman retorna

Patricio Navia

La Tercera, Julio 23, 2006

 

El peor error que pueden cometer la Concertación, la Bachelet y el propio Ricardo Lagos es gastar el enorme capital político del ex mandatario para fortalecer la debilitada gestión de la actual Presidenta. Porque hay varias formas alternativas de corregir rumbo y enmendar errores, Bachelet y la Concertación no debieran hacer uso tempranamente de todo el capital político que Lagos logró acumular durante su exitoso sexenio.

 

En cierto modo, el capital de Lagos se puede comparar a los excedentes del cobre. La Concertación y Bachelet saben que pueden usar discrecionalmente ese enorme caudal de recursos. Pero así como gastar todos los excedentes del cobre constituye pan para hoy y hambre para mañana, comenzar a aprovecharse ahora del capital político de Lagos representa una irresponsabilidad. Lagos es la reserva moral y estratégica de la Concertación. Sólo cuando nada más funcione, la coalición debe pedir el regreso de su propio Superman.

 

Hay una multiplicidad de medidas que Bachelet puede tomar antes. En primer lugar, tendría sentido convocar al gabinete a potentes figuras técnica y políticamente hábiles, ya sean experimentadas o reconocidamente promisorias. Mientras más presidenciables tenga el gabinete más fácil será para Bachelet controlar la naciente carrera presidencial. Mejor aún, más fácil será poner todas las ganas de los aspirantes a trabajar por el éxito del actual gobierno. No hay mejor herramienta para disciplinar las aspiraciones presidenciales que la amenaza de ser removidos de un gabinete desde donde se pueden construir candidaturas políticas. No hay mejor forma de asegurar la unidad concertacionista que garantizando a todos los partidos que el camino para llegar a La Moneda en 2010 es siendo leal—a través de sus presidenciables—con la Presidenta actual.

 

Naturalmente, Bachelet tiene todo el derecho a solicitar los consejos del ex Presidente. Después de todo, ella jamás hubiera llegado a La Moneda de no mediar los éxitos y la gestión de Lagos. Pero Bachelet carece de la preparación, los conocimientos técnicos y la experiencia política del ex mandatario. Es fundamental evitar las comparaciones con su predecesor. Además, los nuevos gobiernos pueden culpar a la administración anterior por algunos errores. Por más exitoso que haya sido, el gobierno de Lagos también tuvo desaciertos. Este gobierno no debería verse forzado a pagar por esos errores. Por eso, tiene más sentido convocar a sus asesores y aliados que al propio Lagos. El ex Presidente es un capital demasiado valioso para la Concertación como para arriesgarlo innecesariamente en la trinchera de la cotidianeidad.

 

Si bien Lagos será inevitablemente un actor crucial en la próxima carrera presidencial, resulta políticamente equivocado cerrarse ahora a otras opciones en la Concertación. Mientras más presidenciables puedan testear las aguas, mejor para la coalición de gobierno. No hay necesidad de usar los excedentes del cobre (Lagos) cuando se puede generar capital (nuevos presidenciables) de otras formas. Lagos siempre será una alternativa razonable para la coalición, pero ya se está acabando el momento para empezar a potenciar nuevas figuras presidenciables. Si la debilidad actual de Bachelet lleva a la coalición de gobierno a planear desde ya una estrategia de salvataje centrada en Lagos, el peso de los 20 años de gobierno y el clamor por un saludable cambio cobrarán tal fuerza que ni el Superman de la Concertación será capaz de salir victorioso.