El tímido y poco ambicioso cambio

Patricio Navia

La Tercera, julio 15, 2006

 

Porque los cambios de gabinete implican un alto costo político para cualquier presidente, el tímido y poco ambicioso cambio de gabinete realizado por Michelle Bachelet a cuatro meses de iniciar su periodo difícilmente puede considerarse como un golpe de timón lo suficientemente decidido como para poner fin a las especulaciones sobre la debilidad de su liderazgo.

 

Bachelet batió todos los récords en cuanto a la rapidez con que tuvo que realizar su primer ajuste de gobierno. Pero aunque cargará para siempre con el cuestionable registro de haber tenido que corregir rumbo tan pronto, su decisión de remover sólo a tres de los miembros de su equipo de trabajo evidencia la lamentable falta de osadía de una Presidenta que necesita profundas modificaciones en su estilo de hacer gobierno para poder pasar a la historia, además de cómo primera presidenta de Chile, como una exitosa mandataria.

 

Los tres nuevos nombres que anunció reflejan las grandes fortalezas y las indiscutibles debilidades de la Concertación y del estilo de gobierno de Bachelet. Mientras Belisario Velasco posee una incuestionable  experiencia en Interior, Ferreiro tiene las herramientas para convertir Economía en un actor relevante en los próximos años. Con los tres nuevos ministros DC, Bachelet implícitamente acepta que cometió un error al querer que nadie se repitiera el plato y altera el balance entre los partidos de la coalición. Pero resulta que hay personas capaces y dedicadas que merecen repetirse el plato y siempre se puede castigar a algunos partidos de la Concertación. Ahora bien, la entrada de Provoste responde exclusivamente a la obsesión presidencial por la paridad de género. La ineficiente nueva titular de Educación no posee ni las experiencias ni las habilidades políticas que tanto se requiere en educación y que probablemente traerán Ferreiro y Velasco a sus carteras. Si Bachelet hubiera privilegiado su promesa de gobernar con los y las mejores, Provoste no habría sido nombrada en Educación. Si la protesta de los estudiantes constituyó una tarjeta amarilla para la Concertación en sus políticas educacionales, lo de Provoste hace pensar que Bachelet no quiere mejorar la calidad de la educación chilena.

 

Si bien dos de los tres nuevos ministros probablemente ayudarán a fortalecer el equipo, queda la sensación que Bachelet debió haber ido más lejos en el ajuste. Es verdad que corresponde darle el beneficio de la duda, pero las fortalezas y debilidades de los ministros que llegan y los que se quedan, sumado al polémico estilo de la mandataria, permiten anticipar que el gobierno seguirá teniendo dificultades para asumir adecuadamente sus grandes desafíos.

 

Porque este tempranero cambio de gabinete era necesario pero dejó gusto a poco, Bachelet todavía tendrá que demostrar que, además de sumar nuevas caras a su gabinete, tendrá que corregir también el diseño que la llevó a armar un equipo inicial que apenas logró durar 120 días.