El precio de los errores

Patricio Navia

La Tercera, julio 8, 2006

 

La pronunciada caída en el nivel de aprobación presidencial responde a un equivocado diseño de gobierno. Más que buscar culpables en las protestas estudiantiles, Bachelet debe corregir rumbo y dar necesarias señales de liderazgo y autoridad democrática.  

 

Si bien la encuesta Adimark no es representativa de todo el país y, al ser telefónica sub-representa a los estratos de menores ingresos, sus resultados son comparables con similares sondeos anteriores. Después de asumir el poder con un 53% de aprobación, Bachelet subió a un 61% en abril. Luego comenzó a caer. El 55% de mayo fue la primera advertencia. El 44% de comienzos de julio es casi un terremoto. Si bien todavía hay que esperar los resultados de la encuesta del CEP, la tendencia señalada por Adimark no debe ser ignorada. A cuatro meses de haberse iniciado, el gobierno está en problemas. Bachelet debe dar un golpe de timón efectivo para que su popularidad no siga pagando el costo de los errores.

 

Aunque el gobierno insista en que su principal plus es la cercanía con la gente, Bachelet llegó a poder porque el gobierno de Lagos fue tremendamente popular. De nada habría servido esa cercanía si Lagos hubiera liderado un sexenio deplorable. Por eso, las fortalezas de Bachelet solo pueden destacarse en un gobierno que sepa ejercer autoridad.  Porque es mujer, pero mucho más por su corta carrera política, Bachelet no debe olvidar que muchos siempre dudaron si daba el ancho como Presidenta. Inevitablemente entonces, los errores primerizos de de gobierno—que sus predecesores también cometieron—resultan más costosos para ella.

 

Ya que Bachelet además recibió al país en inmejorable situación económica, las altas expectativas—asociadas a la visión que todos usaríamos la banda presidencial—potenciaron demandas irreflexivas de cambio. Bachelet se encargó de echarle más leña al fuego al insistir en alabar los conflictos. Pero su personalidad marcada por una familia militar y su tendencia a privilegiar el secreto contravienen su discurso a favor de la participación y el diálogo. Su predilección por las comisiones—y su rapidez para ignorar sus recomendaciones—choca con su tendencia a la autoridad vertical que eventualmente termina incómodamente imponiéndose ante sus confundidos ministros.

 

Ahora que el electorado le ha enviado una inequívoca advertencia, Bachelet debe reconocer que su modelo de gobierno no ha funcionado. Porque los presidentes son evaluados por realizaciones más que por estilos, Bachelet debe aceptar que no hay nuevas formas de hacer política. Los estilos varían, pero la política sigue siendo la misma.  El éxito de cada gobierno depende de las realizaciones que impulsen sus ministros. Cuando La Moneda asuma exitosamente su potestad ejecutiva, los niveles de aprobación subirán. Pero si el gabinete sigue siendo incapaz de tomar el control del timón, y sólo responde tardía e improvisadamente a las agendas impuestas por otros, se mantendrá la tendencia a la baja en la aprobación presidencial.