Los oídos de la Presidenta

Patricio Navia

La Tercera, junio 25, 2006

 

Si bien la soledad del poder es una realidad que experimenta todo presidente, en la medida que tengan asesores y amigos que entreguen buenos consejos, su gestión mejorará sustancialmente. A menos que Bachelet consolide pronto un equipo de asesores y aliados que le permita sortear los complejos desafíos que la esperan, los errores y desaciertos que vimos en los primeros cien días se convertirán en la tónica del cuatrienio.

 

Los presidentes saben que la mayoría de los políticos aliados que los rodean tienen agendas propias. Ya sea porque buscan avanzar sus carreras personales o porque defienden los intereses de sus partidos, sus distritos o sus financistas, los legisladores pueden ser socios coyunturales pero nunca serán incondicionales de La Moneda. A su vez, porque su objetivo es defender intereses sectoriales y también porque abrigan aspiraciones propias, los ministros y funcionarios de confianza a menudo despiertan la desconfianza de los presidentes.

 

Sólo el círculo íntimo congrega a las personas cuya lealtad a toda prueba está exclusivamente con los intereses de la Presidenta. Dicho círculo siempre está compuesto de amigos y aliados históricos, pero también de algunos asesores y estrategas. El Presidente Lagos tuvo su segundo piso, comandado por Ernesto Ottone, que se convirtió en un virtual gabinete en las sombras. En menor medida y con menor notoriedad pública (porque estuvieron menos institucionalizados), también los presidentes Frei y Aylwin tuvieron sus propios equipos de personeros de confianza.

 

Debido a su relativamente corta trayectoria en las grandes ligas de la política, Bachelet no alcanzó a desarrollar una red de amigos y aliados que le permita contar con desinteresados consejos ahora que experimenta la soledad del poder. Los amigos cercanos de Bachelet tampoco han tenido una trayectoria de proximidad al poder. A diferencia de sus predecesores, Bachelet no cuenta con amigos históricos experimentados en las intrigas del poder que le ayuden a interpretar las señales de todos los poderes fácticos y actores políticos, económicos y sociales cuya influencia se hace sentir en la conducción del país.

 

Por eso, Bachelet—más que ninguno de sus predecesores—necesita con urgencia un equipo de asesores que supla la ausencia de amigos entendidos en las maquinaciones del poder. Algunos de los errores de semanas recientes—desde la respuesta a las protestas estudiantiles hasta el lamentable decálogo de su nuevo estilo, sin olvidar improvisadas declaraciones e intempestivos anuncios—subrayan que, al igual que Bachelet, el equipo de asesores cercanos aún no entiende cómo administrar adecuadamente ni poder ni la autoridad. El denominado segundo piso de La Moneda debiera tener, hoy más que nunca, una adecuada combinación de caras nuevas y rostros experimentados, todos profesionales comprometidos con el éxito de la mandataria, cuya lealtad con la mandataria esté más allá de toda duda y cuyos únicos intereses sean contribuir al éxito de la gestión de Bachelet.