Pensiones y paridad de género

Patricio Navia

La Tercera, junio 22, 2006

 

La controversia desatada sobre la supuesta propuesta de la Comisión Marcel que buscaría igualar la edad de jubilación de hombres y mujeres en 65 años muestra una arista distinta en el debate sobre la paridad de género. A menos que Bachelet apoye la igualdad en la edad de jubilación de hombres y mujeres, su discurso de igualdad de género perderá legitimidad.

 

El debate que rápidamente suscitó esta inesperada propuesta a favor de la paridad de género pone en el tapete también la tensión entre la conveniencia técnica de algunas reformas y su viabilidad política. Si bien todos sabemos que nuestro sistema de pensiones se basa en cuentas de capitalización individual, mucha gente todavía cree que el sistema tiene (o debiera tener) componentes de solidaridad. Pero a menos que el estado le quite a los que contribuyen más para darles a los que contribuyen menos, la pensión de cada chileno seguirá dependiendo del tamaño de sus sueldos y de la cantidad de años trabajados. Por eso, mientras menos años trabajen las mujeres, más escuálidas serán sus jubilaciones.

 

En ese sentido, oponerse a unificar la edad de jubilación en 65 años constituye un inútil saludo a la bandera. Para tener pensiones comparables a las de los hombres, las mujeres igual tendrán que jubilarse más tarde. Pero aunque sea irresponsable y populista, nadie se debiera sorprender ante la vociferante oposición que ha desatado esta propuesta. Los partidos saben que la gente espera un sistema de pensiones más solidario y por lo tanto, aunque no hagan nada para introducir  más solidaridad, se opondrán tenazmente a razonables reformas.

 

Ahora se precisa de un liderazgo claro y decidido. La Presidenta Bachelet ha convertido a los asuntos de género, especialmente el de la paridad, en una de sus prioridades más importantes. Bachelet ha insistido en que es importante introducir cuotas de género que corrijan errores históricos de discriminación. Para ser consecuente, Bachelet también debería dar un espaldarazo a la propuesta, técnicamente sólida, razonable y justa, pero políticamente impopular, de introducir paridad de género al sistema de capitalización individual de pensiones chilenos. Si lo hace, ganará capital político para avanzar su agenda de paridad de género en otras áreas. Si deja pasar la ocasión, será cómplice de la actitud irresponsable de los partidos políticos que ahora se apresuran en defender este engaño que representa el que la edad de jubilación de la mujer sea a los 60 años de edad.