Cónclave de la Concertación: Alianza ¿Sin clave?

Patricio Navia

La Tercera, junio 17, 2006

 

Como ya ha ocurrido antes, las expectativas sobre el cónclave de la Concertación se inflaron en forma desmedida. Pero como similares encuentros ya se habían celebrado antes, resultaba fácil anticipar que el único resultado posible era una declaración de unidad concertacionista. Pero la exitosa cumbre oficialista si desnudó las debilidades de la oposición aliancista.

 

Pese a las diferencias que han existido en su seno desde su fundación, la Concertación ha demostrado una enorme vocación por el poder y una envidiable capacidad para garantizar gobernabilidad. Aunque abunden las peleas y sobren las amenazas, los chilenos nos hemos acostumbrado a una Concertación que siempre resuelve sus problemas y mantiene al país por el sendero del crecimiento económico y la consolidación democrática. Igual que una pareja que pelea mucho pero sigue viviendo bajo un mismo techo, la Concertación pudo haber nacido como un matrimonio por conveniencia. Pero es innegable que se han creado lazos de lealtad y confianza en estos cuatro gobiernos consecutivos. Y eso le ha hecho bien a Chile.

 

Por eso, en el cónclave de ayer no hubo ni decálogo, ni regaño, ni parlamentarios con pancartas. Al contrario, abundaron las declaraciones de unidad. De hecho, se instaló la percepción que el cónclave sólo sirvió para que los líderes de la coalición tuvieran una terapéutica sesión de diálogo franco que ayude a mejorar la coordinación entre gobierno, legisladores y partidos. Si bien algunos lamentables desencuentros recientes llevaron a algunos a pensar que se impondría el conflicto, la Concertación nuevamente demostró su capacidad de forjar acuerdos. Se enfriaron los ánimos y primó la cordura. Después de tres exitosos gobiernos, ninguno de sus partidos integrantes quiere poner en peligro esa gallina de los huevos de oro electorales y políticos. Los partidos oficialistas ratificaron el principio en el que se cementado nuestra estabilidad política desde el fin de la dictadura: con la Concertación todo, contra la Concertación nada.

 

El repentino, y necesario, ordenamiento de la coalición oficial pone la pelota política en la cancha aliancista. Los errores del gobierno en las últimas semanas no fueron resultado de aciertos de la derecha. Los conflictos internos en RN y la UDI y la ausencia de una agenda con propuestas concretas y razonables para los problemas actuales hacen de la Alianza un actor irrelevante en la política nacional. Hasta los estudiantes secundarios fueron mucho más efectivos en la oposición al gobierno que la propia Alianza.

 

Este nuevo capítulo de la conocida historia de advertencias sobre su inminente fin nuevamente terminó con un final feliz para la Concertación. Ahora corresponde a la Alianza demostrar que representa una alternativa política confiable que garantice gobernabilidad y unidad. Si la Alianza no sabe responder a este desafío histórico, futuros cónclaves concertacionista demostrarán nuevamente que la derecha en Chile está sin claves.