Usar la zanahoria

Patricio Navia

La Tercera, junio 15, 2006

 

La reacción excesiva al inconveniente viaje a Bolivia de cinco parlamentarios de izquierda dejó en evidencia que el gobierno todavía necesita aprender tres importantes lecciones. Primero, la diversidad no es señal de ingobernabilidad. Segundo, el gobierno debe sacarle partido a las agendas particulares de sus legisladores. Tercero, un gobierno no debe amenazar con castigos que no puede ejecutar.

 

El viaje de los senadores Ávila y Navarro y de los diputados Alinco, Enríquez-Ominami, y Sule puede ser considerada como imprudente y contraproducente a los intereses nacionales. Pero ese juicio es prerrogativa de la opinión pública y del electorado de los respectivos distritos, no del gobierno. Si los electores rechazan ese viaje, así lo harán saber en la próxima elección. No corresponde ni a otros legisladores ni mucho menos al ejecutivo condenar las decisiones políticas de representantes popularmente electo. Por cierto, aunque la política exterior la conduce el ejecutivo, los parlamentarios tienen derecho a expresar públicamente sus posturas. Es más, sólo así pueden los votantes saber lo que creen y piensan sus representantes.

 

En lo que al gobierno respecta, la obsesión con la disciplina constituye una contradicción evidente con el discurso de participación, pluralismo y diálogo. La gran fortaleza histórica de la Concertación ha sido la diversidad de posturas. El gobierno debe aunar voluntades, no imponer posturas. Mientras apoyen responsablemente las iniciativas del ejecutivo, los parlamentarios oficialistas todo el derecho de proponer sus propios temas.

 

Es más, un gobierno hábil sabrá identificar las agendas particulares de cada parlamentario—e incluso cada ministro—y diseñar estrategias que aprovechen esos impulsos para darle mayor fuerza a la propia agenda del gobierno. Más que un ejército disciplinado de legisladores, el gobierno necesita estrategas que sepan cómo aprovechar las agendas personales de cada parlamentario para consolidar la propia agenda del gobierno.

 

Cuando los legisladores se ponen demasiado díscolos, el gobierno jamás debe amenazar con castigos que no puede ejecutar. Los parlamentarios saben que sus carreras probablemente duren más que las de la Presidenta. Ya que no habrá elecciones durante el cuatrienio Bachelet, el gobierno tiene que entender que más que garrote, debe usar inteligentemente la zanahoria para lograr la disciplina. Para seguir existiendo, la Concertación tendrá que aceptar y celebrar la diversidad y, a partir de ella, forjar acuerdos.