¿Cambio Inminente?

Patricio Navia

La Tercera, junio 8, 2006

 

La sorpresiva decisión de la Presidenta Bachelet de leer un decálogo a sus ministros subraya la debilidad de su administración por la improvisación. A menos que Bachelet se apropie con autoridad de la agenda pública—y no sólo anuncie que es su objetivo hacerlo—la suya será la menos exitosa de las cuatro administraciones que han gobernado desde el retorno de la democracia.

 

Como si la presencia de tantos estudiantes secundarios en las calles la hubiera hecho retornar a la lógica de las salas de clases, cual profesora de escuela, Bachelet reunió a su equipo de gobierno para explicitar formalmente lo que espera de sus colaboradores. Resulta sorpresivo que opte por leer la cartilla a sus ministros cuando estamos a punto de cumplir los primeros 100 días de su gobierno. Hubiera tenido más sentido realizar este ejercicio—en privado—antes de tomar el poder. Pero porque la entonces Presidenta electa optó por reuniones más bien cortas y distendidas con su futuro equipo de gobierno (donde hubo desde cursos de motivación sicológica hasta clases de baile), el país tuvo que presenciar este lamentable episodio en que Bachelet reconoce implícitamente que los objetivos de su gobierno no se están cumpliendo.

 

Pareciera ser que esta admonición fue hecha en forma pública y con evidente preocupación por los medios para que constituya la primera advertencia de un inminente cambio de gabinete. Porque Bachelet ha dejado en claro que los objetivos de participación ciudadana de su gobierno deben cumplirse más allá de las personas que hoy ocupan cargos, este decálogo será utilizado como argumento para justificar el cambio de gabinete cuando éste ocurra. Porque algunos ministros simplemente no han sido capaces de cumplir con sus expectativas—o no han estado dispuestos a hacerlo—Bachelet podrá hacer uso de su prerrogativa de modificar el gabinete.

 

La declaración de principios del gobierno de Bachelet enunciada ayer en La Moneda deja en claro que la Presidenta está convencida que lo que el país necesita es más participación, no más autoridad. Aquellos que apostaban por un ajuste que retomara el estilo clásico de los gobiernos concertacionistas—hombres y mujeres fuertes en La Moneda y el gabinete implementando políticas sin demasiada participación ciudadana—tendrán que seguir esperando. Bachelet está convencida que las movilizaciones y los conflictos son buenos para la democracia. La Presidenta ha invitado al país a hacer públicas—en forma pacífica y ordenada—sus demandas. La marcha de los pingüinos es la primera, pero ciertamente no la única, movilización que veremos en el país en la era Bachelet. El gobierno invita.

 

Ya que la lectura de cartilla deja en evidencia la improvisación y prepara el terreno para un cambio de gabinete, las apuestas sobre quiénes saldrán y quiénes seguirán en el gobierno no se harán esperar. Desafortunadamente, eso repercutirá negativamente en la capacidad de la administración para retomar el control de la esquiva agenda política.